El campo de refugiados más grande del mundo cumple 20 años de miseria.

    • La única salida para muchos somalíes que huyen del hambre y la guerra civil que azotan el país desde hace décadas mantiene intacta su razón de ser.
    • El campo se ve desbordado dos décadas después ya que cuenta en la actualidad con 463.000 somalíes, cinco veces más de lo previsto.El campo de refugiados más grande del mundo cumple 20 años entre la miseria y el hambreEl campo de refugiados más grande del mundo cumple 20 años entre la miseria y el hambre

 

Todo sigue igual en el campo de refugiados de Dadaab, el más grande del mundo, 20 años después de su creación. La única salida para muchos somalíes que huyen del hambre, la miseria y la guerra civil que azotan el país desde hace décadas mantiene intacta su razón de ser, aunque se enfrenta a nuevos peligros que ponen en riesgo la vida y la supervivencia de miles de personas.

La sequía más cruel en seis décadas en el Cuerno de África ha provocado una hambruna de niveles inéditos y, con ella, un aumento de los flujos de refugiados sofocados hasta la deshidratación y la asfixia: en los últimos seis meses han llegado a Dadaab más de 30.000 refugiados al mes, según el Alto Comisionado para los Refugiados de Naciones Unidas(ACNUR). El campo se ha visto desbordado.

Ubicado en la frontera con Kenia, el mayor campamento del mundo cuenta en la actualidad con 463.000 somalíes, cinco veces más de lo previsto hace dos décadas. Las familias se han asentado en Dadaab, sin patria ni hogar, y han formado aquí una auténtica comunidad. Cerca de 10.000 personas forman ya la tercera generación, es decir, aquellos que han nacido en el campo de refugiados de padres que también fueron concebidos en él.

Así y todo, los retos continúan siendo los mismos 20 años después: la superpoblación crónica, el riesgo de enfermedades, las inundaciones estacionales y, un fenómeno creciente, la inseguridad, según apunta ACNUR. Por eso, “no hay nada que celebrar, son 20 años de desplazamiento y de miseria”, explica su portavoz, Andrej Mahecic.

Aunque la situación que se vive a diario es de extrema precariedad, para la mayoría de las familias somalíes es un triunfo frente al hambre y la anarquía. Véase que ocho de cada diez desplazados son mujeres y niños. Además, el número de menores que llegan solos a Dadaab continúa elevándose, por lo que muchas familias adoptan a los pequeños  que se encuentran en el camino.

Según datos de ACNUR, 360 personas mueren al día de los cuales 15 son niños y, entre ellos, 700.000 se encuentran en riesgo de muerte real por el hambre. Más de 15 millones de somalíes sobreviven así a diario con nada que llevarse a la boca. No obstante, el trayecto hasta el campamento no es sino su penúltima penuria.

La violencia se ha apoderado de la frontera donde los señores de la guerra y el grupo terrorista Al Shabab imponen su propia ley e impiden la salida de sus compatriotas. El “desorden duradero” que reina en Somalia no es sólo un signo del abandono y la debilidad institucional. La anarquía se alimenta porque hay quien saca un gran beneficio de ella.

Un hecho que afecta también al trabajo humanitario. Mahecic recuerda queel secuestro de trabajadores humanitarios, el asesinato de policías y líderes de refugiados ha obligado a las agencias de Naciones Unidas a replantearse la manera en que se distribuye la ayuda, aunque la asistencia básica está asegurada: agua, comida y atención sanitaria.

A pesar de todo, en las últimas semanas se ha detectado un movimiento de retorno a Somalia: cerca de 70.000 hombres, según Mahecic, han vuelto a sus lugares de origen para comprobar el estado de la situación.Todavía mantienen la esperanza de regresar. “Debemos entender que el objetivo último de todas estas personas es volver a su casa, y eso es lo que persiguen”.

Ante esta situación, ACNUR espera que la conferencia de Londres sobre Somalia, que comenzará el 23 de febrero, sirva de “catalizador para la paz y la seguridad en el país” y con ella se vislumbre una solución para que, paulatinamente, los miles de refugiados abandonen el campo de Dadaab, dos décadas después.

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