Corresponde a nuestra generación cambiar las cosas

Conversamos con estudiantes del Instituto que puso nombre al despertar de la sociedad civil valenciana contra los recortes, el Lluís Vives.

Nos explican cómo vivieron las manifestaciones, la represión policial, el tratamiento de determinados medios, o estar detenidos.

Y piden que se retiren los cargos porque tener antecedentes es incompatible con viajar a ciertos países, opositar para juez o realizar una beca Erasmus. “Aún tenemos sueños que cumplir”.

Han pasado varios días desde el día que quedamos para hablar con calma sobre todo lo ocurrido y ahora les espero en la puerta del Lluís Vives a que salgan de clase. Hemos quedado a las cinco pero no veo señales de ninguno de ellos. Una chica que no conozco se me acerca, me pregunta si soy el periodista. Almudena Soullard, 17 años, estudiante de 2º Bachillerato artístico. Fue una de las detenidas el día de las duras cargas policiales cuando paseaba con su madre y sus dos abuelas por el centro mientras observaba atónita lo que ocurría en Plaza España.

Mariola Morera, estudiante de 2º de Bachillerato científico, aún no ha llegado por lo que Almudena me presenta a Andreu Melchor, quien también va a participar en el reportaje. Andreu me saluda pero no me presta mucha atención. Está conversando con una mujer que se le ha presentado y se le ha puesto a hablar de sus libros de autoayuda. Él, con buena educación, la atiende con paciencia y escucha lo que la mujer le quiere contar hasta que se da por satisfecha. Almudena me mira con cara circunstancia por lo extraño de la situación y en ese mismo instante llega Mariola. Tras varios minutos de cortesía, la escritora se da cuenta de la escena y libera a Andreu, no sin un poco de tristeza al haberse quedado sin compañero literario.

Nos dirigimos hacia una cafetería cercana que tiene una especie de reservado, decorado con fotografías de los actores más famosos del siglo XX. Por el camino nos encontramos con Alberto Rodríguez, estudiante de 2º de Bachillerato de Humanidades. Mariola le cuenta nuestra hoja de ruta para esa tarde y decide incorporarse.

Una vez dentro del local, subimos al reservado. No piden nada para tomar, quieren ir directamente al grano y Mariola lo dice claro en la primera frase: “Hemos salido a la calle porque no tenemos futuro con la política actual. Estamos viendo que solo hacen corrupción, solo hacen cosas para robar en lugar de gastarse el dinero en nosotros, dinero que encima es nuestro. Nosotros pagamos nuestros impuestos y ellos en vez de hacer una política de bienestar social se lo gastan en juergas. ¡Es un cachondeo!”. Almudena le interrumpe para explicar que la situación en las clases es insostenible: “Somos 38 en el aula y así no podemos seguir”.

Mariola vuelve a tomar la palabra y aprovecha para defenderse de las numerosas críticas que recibieron durante la semana de movilizaciones en las que se afirmaba que no habían recortes en educación y que sus protestas estaban manipuladas. “Dicen que no tenemos razón al manifestarnos porque los recortes solo han sido de sueldos de profesores por lo que no nos afecta. ¡Mentira! Las aulas de refuerzo han desaparecido así como las de ayuda a estudiantes extranjeros. Llevamos tres meses sin dos profesores y estamos en 2º de Bachillerato. Es inadmisible”. Alberto se suma a la crítica señalando que tienen el selectivo a la vuelta de la esquina por lo que la situación es inaceptable.

Las movilizaciones de la “#primaveravalenciana”, como se ha llamado a la semana de protestas, no han sido su primer contacto con la vida pública. Todos ellos ya habían participado en otras manifestaciones, protestas o incluso en asociaciones de carácter cultural o social, en los casos de Mariola y Almudena. Los chicos dicen optar por un activismo más a nivel individual y en el caso de Andreu: “autodidacta”. Andreu fue el primer estudiante detenido en las protestas, según el informe policial, por pegar y morder a un policía. Aunque cuesta imaginarse a este chico de 17 años, estudiante de 2º de Bachillerato de Humanidades, tímido y bastante reservado en una actitud tan violenta. Alberto, por su parte, aprovecha su turno de palabra para adentrarse en materia: “El día que salimos a cortar el tráfico, más que como una organización, salimos a título individual y además, éramos todos menores. Nosotros, los de 2º de bachiller, éramos los más mayores”, exclama. Almudena añade: “Los dos primeros días antes del miércoles que es cuando pasó todo, cortamos el tráfico durante 10 minutos de manera pacífica. Los policías lo sabían, sabían que no íbamos a provocar altercados ni agredir a los conductores. Sin embargo, cuando salimos el tercer día, miércoles, ellos ya iban dispuestos a cargar”.

Durante casi una hora los cuatro estudiantes intercambian impresiones de lo ocurrido, expresan su tristeza por algunas actitudes o episodios y sueñan con un futuro mejor para toda la sociedad. No obstante, hay tres temas que no les dejan indiferentes: el papel de la policía y de la Justicia, la cobertura mediática y la respuesta de la sociedad valenciana. Para todos ellos, la visión de las fuerzas de seguridad se ha transformado a una imagen de cuerpo represor en el que no se puede confiar tras ver como “la policía corría detrás de la gente por toda Valencia en medio de batallas campales, qué batallas, masacres! Para dar porrazos a todo aquel que se le ponía delante”, describe Alberto. “Nosotros hemos estado desde el primer día y hemos vivido y visto la brutalidad policial ejercida y no era normal. No eran personas, tenían una rabia interna comprimida y la descargaban contra ti. Hasta que no lo ves no lo puedes llegar a entender. Era una crueldad infinita”, denuncia Mariola.

A su vez, Almudena hace un pequeño paréntesis en el debate para contar su propia historia. “A mí me detuvieron el lunes sobre las tres cuando estaba con mi madre y mis dos abuelas. Yo estaba con un grupo de personas en la calle de San Vicente viendo lo que estaba ocurriendo en Plaza España, a cierta distancia porque iba con mi familia. De repente, vino un policía hacia nosotros y dijo ‘tú, detenida’ y se me llevaron sin ninguna razón, no me dio tiempo ni a reaccionar. Golpearon a mi madre causándole varias contusiones y a mi abuela la empujaron con el escudo con lo que casi se cae, y si se hubiera llegado a caer ya no se hubiera levantado porque no puede casi andar. Después me acusaron de ‘desobediencia grave’, pero qué desobediencia ni ostias si no me dio ni tiempo a decir nada”. Y continúa, “no tenían miramiento por nada ni por nadie ya fueran niños, adultos, mayores o embarazadas. Solo se preocupan de cumplir las órdenes”.

Pero los malos recuerdos no terminan en el momento de la detención para esta estudiante de 17 años, lo peor vino después: “El tiempo que estuve detenida fue horrible. Las vejaciones y burlas de los policías fueron continuas. El estado psicológico al que te someten no mostrándote ni una pizca de respeto, ni como persona, junto con las agresiones psicológicas del estilo ‘te voy a matar’, ’si te tiro del pelo es culpa tuya por tenerlo largo’ o ‘no tienes cuerpo ni de puta’ son una destrucción total. Además, cometieron ilegalidades porque yo era menor y hubiera tenido que avisar a mis padres en el mismo instante de detenerme. Sin embargo, no les llamaron hasta varias horas después y ya no hablamos de cuando me soltaron…”

La justicia es otra de las víctima de la #primaveravalenciana. Los cuatro estudiantes afirman sin pestañear que no confían en ella mostrando como ejemplos de impunidad e ineficacia el juicio de Francisco Camps, expresidente de la Generalitat Valenciana, el hecho de que los policías no llevaran el número de placa visible cuando es obligatorio o las denuncias que han recibido en sus casas. Almudena sentencia en tono irónico: “Esta justicia nos da mucha esperanza” y Alberto aventura: “Si acabo denunciado por las ostias que me han dado me parecería, vamos, estupendo. Un policía me pega con un porrazo impresionante y aún soy yo el delincuente, ¡increíble!”. Mariola, a su vez, pide que al menos se retiren los cargos porque tener antecedentes es incompatible con viajar a ciertos países, opositar para juez o realizar una beca Erasmus y añade: “Aún tenemos sueños por cumplir”.

Respecto a la cobertura mediática, Almudena y Alberto coinciden en señalar que ambos sabían de la manipulación que realizaban los medios de comunicación pero que no ha sido hasta vivirlo en primera persona cuando se han dado cuenta de la envergadura del problema. “Ya sabíamos lo que había pero es que haber sido testigo en primera persona y después ver cómo se han contado los hechos te obliga prácticamente a no creer en nada”. Sin embargo, al igual que los jóvenes de las primaveras árabes, los estudiantes del Lluís Vives sabían de antemano que su lucha estaba en otra dimensión: “Si esto llega a pasar en 2007, cuando las redes sociales no estaban tan desarrolladas, la carga del miércoles hubiera acabado en ‘cuatro estudiantes violentos cortan la calles Xàtiva’ pero como lo grabamos, conseguimos que la sociedad se enterara de lo que realmente había ocurrido. Sin tener que depender de los medios de comunicación”, explica Mariola.

Pero no todo ha sido negativo para Mariola, Alberto, Almudena y Andreu. Más bien todo lo contrario. “Todo esto ha servido para que mucha gente abra los ojos y eso nos da esperanza”, admite Mariola quien se queda como mejor recuerdo la increíble respuesta social que generaron las cargas policiales. Para Alberto lo realmente impactante ha sido que después del miércoles, cuando tuvieron lugar las primeras cargas, la gente acudiera por iniciativa propia a las concentraciones para dar su apoyo a sabiendas de que podían recibir porrazos también.

Y esto es lo que le empuja a “luchar por abrir los ojos a la gente, porque la gente no es tonta. Si se le muestra que hay otra manera de hacer las cosas que no sea mediante malas políticas, la gente no es tonta y no va a escoger pasarlo mal”. No obstante, es Mariola quien se atreve a ir un paso más allá y afirma que “la gente mayor está perdida, tienen su mentalidad y no la podemos cambiar. Es la gente menor 20 años quienes de verdad pueden hacer algo y luchar por cambiar su futuro, su vida. Por ellos mismos”. Almudena la apoya: “Corresponde a nuestra generación cambiar las cosas porque nuestros mayores ya lucharon en su momento”. A lo que Mariola añade: “No somos ni de derechas ni de izquierdas, solo queremos valores humanos. Si todo el mundo hace el bien y simplemente se comporta normal, todos viviríamos bien. Se trata de justicia y de humanidad”.

Andreu, quien no había apenas intervenido en toda la conversación se incorpora para porque para él el sentido de todo esto ya no está en un cambio de mentalidad de la sociedad valenciana, que también, sino en un cambio de mentalidad del mundo porque “el sistema en el que vivimos no es viable. Hasta que no estemos en una situación mucho más grave no habrá un cambio real. La democracia no es compatible con el capitalismo, prueba de ello es que los políticos honrados nunca llegan al poder. Así que mientras que exista este sistema no podremos tener una democracia real”. Aunque sus compañeros discrepan la conversación termina como ha empezado, con buen pie. Todos se marchan a estudiar para sus exámenes pero no sin antes confirmarme que cuatro estudiantes más quieren también dar su testimonio. Así que quedo con Mariola para que nos citemos en la misma cafetería a la misma hora.
Penélope Franco, estudiante de 1º de Bachillerato Artístico, es la primera que llega. Kerri Ann y Anaïs Masmacià, acuden unos minutos más tarde tras realizar unos exámenes. Javier Soriano, el único chico, es el que llega más tarde para comenzar rompiendo tópicos.

Al igual que sus compañeros, deciden entrar en materia lo antes posible aunque esta vez varios cafés nos acompañan. “Desde pequeños casi todos hemos ido a manifestaciones y estamos hartos porque nunca se consigue nada. Y es por eso que decidimos cortar el tráfico aunque no fuera legal”, explica Anaïs, estudiante de 2º de Bachillerato de Sociales. Penélope se suma a la explicación puntualizando que los estudiantes del Lluís Vives no fueron los únicos que salieron ese día a la calle, fueron muchos más, lo que pasa es que “como nosotros estamos entre el ayuntamiento y una calle tan importante hemos tenido más repercusión. Pero en realidad fue una decisión tomada en asamblea”. Kerri, la más joven con 15 años, ve todo lo ocurrido como una auténtica “locura” y Anaïs lo tilda de surrealista. “Es un poco extraño, como mínimo, que nosotros cortemos la calle y nos peguen por ello mientras que haya gente que robe millones de euros y esté libre”, sintetiza Penélope.

Posiblemente las retenciones y las cargas contra los estudiantes que tuvieron lugar el pasado 17 de febrero ante la comisaria de Zapadores de València haya sido uno de los episodios más traumáticos que nunca hayan vivido. Tras cortar el tráfico en el centro de valencia aquel viernes, varios cientos de manifestantes se dirigieron a la comisaría para pedir la liberación de los jóvenes detenidos en las jornadas anteriores. “Entre ellos había un amigo mío que lo habían detenido cuando se marchaba a casa tras la manifestaciones mientras hablaba por el móvil. No había hecho nada, simplemente pasó por el lado de unos antidisturbios y se lo llevaron sin más”, relata Javier, amante del cine y estudiante de 2º de Bachillerato de Humanidades.

A la comisaría llegaron a penas unos cientos así que la policía optó por cerrarles el paso en ambas direcciones y acorralarles. “Mientras nos dirigíamos hacia la comisaria un grupo de antidisturbios nos escoltaba y nos decía que no nos iban a pegar que solo nos iban acompañar. Pero después ya sabemos que ocurrió. Acorralaron a 80 personas y en grupos de diez policías venían, entraban en el cerco y cargaban para sacarnos uno a uno, incluso le rompieron la cabeza a una niña a un metro mío”, recuerda Javier. Penélope se suma al relato describiendo el miedo atroz que sufrieron aquel día: “Llame a mi madre para decirle que no podía ir a comer porque me tenían retenida y no me daban ninguna explicación, no sabía que ocurría y dónde podía acabar todo aquello”.

Kerri también quiere participar y pregunta: “Cuando estás en una situación de terror e indefensión como aquella ¿a quién llamas?, ¿a la policía? ¡Ah no! ¡Que son ellos!”, a lo que añade: “Me sentí como una terrorista de verdad y no soy un peligro público ¡que tengo 15 años!”. Todo ello lo cuenta con una voz frágil y delicada y para quien estuvo presente en los incidentes de aquel viernes resulta chocante. Kerri, con una figura delgada y un rostro aún de niña, le plantó cara a toda una unidad de antidisturbios exigiéndoles que le enseñaran sus números de placa si querían que ella les mostrara su DNI. Los policías la amenazaron con detenerla pero ella no se achantó, más bien todo lo contrario, se reafirmó y no cedió ni un milímetro. Tal fue la tensión del momento que acabó por sufrir un ataque de ansiedad del que se pudo recuperar gracias a su hermana allí presente.

Una cosa semejante ocurre con Anaïs. Siempre que ha salido a la calle durante la llamada Primavera Valenciana ha estado en primera fila con una actitud valiente y desafiante. Por el contrario, durante la entrevista se muestra precavida y un poco tímida con los de su alrededor. A su vez, Penélope podría representar la otra cara de la moneda. A primera vista parece una chica reservada y poco dada a los protagonismos pero en las distancias cortas desvela una actitud fuerte y segura de sí misma. Javier, por su parte, encajaría más en el esquema de Penélope que en el de las dos otras compañeras. Y es que, como ellos mismos explican, todo lo que ha ocurrido les ha cambiado por completo: “Estamos en esta etapa donde somos niños y adultos a la vez, aunque es verdad que es posible que esa pequeña parte de infancia haya desaparecido a golpes”, admite Penélope. “Un día estabas pensando con quién quedabas mañana y al día siguiente estabas pensando ‘y si voy por la calle y me pegan’. Tanta violencia siendo tan pequeño te cambia aunque lo peor es ver como pegan a tu hermana, tus amigos o a tu madre”, susurra Kerri.
La violencia policial es lo que más les ha afectado. “Les gusta la violencia y tiene ganas de usarla. En cualquier momento, pueden venir y te pueden pegar y tú no puedes hacer nada, tienen total impunidad. Por lo que me pregunto por qué nos llaman a nosotros enemigos cuando realmente no nos podemos defender”, dice resignado Javier a lo que suma: “Ahora solo siento desprecio por ellos”. Kerri también está en la misma línea: “Ya no te los tomas como la autoridad sino como los contrarios, los que van armados contra ti. Antes temías a las malas personas, ahora también les temes a ellos”. Y Anaïs añade: “A mí siempre me han dado mal rollo pero ahora les veo como asesinos. Por ejemplo, el lunes cuando pegaron a todo el mundo fueron a buscar a los que ya conocían de otros días. Vi como la gente iba andando y los policías detrás dándoles con la porra hasta tirarles al suelo”.

Penélope admite que “en relación a otros países como Túnez, Egipto, Libia, Siria” no tienen nada que decir pero que realmente “han pasado miedo”. Y no porque les peguen ya que al fin y al cabo “nos vamos a recuperar”, si no por “no saber donde están tus amigos o si les ha pasado algo porque la violencia policial fue tal que realmente no sabía hasta dónde podían llegar. Además de la sensación de terror atroz que teníamos al cruzar la calle por si nos decían ‘Tú te vienes con nosotros’. Aquellos días fueron tan duros que pensabas en lo peor, incluso en posible toque de queda”. No obstante, para Penélope así como para sus compañeros lo peor de todo lo que ha pasado es que les hayan tratado como delincuentes, que les hayan denunciado por defender sus derechos y que les hayan marcado de por vida.
Sin embargo, al igual que Mariola, Alberto, Andreu y Almudena. Kerri, Javier, Penélope y Anaïs prefieren quedarse con lo bueno. “Si podemos sacar algo positivo de todo esto es el compañerismo que ha surgido entre todos los estudiantes. Todos somos compañeros y saldremos a defendernos unos a otros, nos conozcamos o no, porque sabes que si fuera al revés ellos también lo harían”, anuncia Penélope. Javier la apoya y cuenta que ha habido un cambio entre antes y ahora: “A la mínima que hagan algo tendrán a miles de personas en la calle porque nos han empujado, queramos o no, a comprometernos con la causa”.

En esa “causa” entra la lucha contra la corrupción, el despilfarro y la mala gestión y la defensa de los servicios públicos. En definitiva, una defensa del Estado de Bienestar que ellos mismos, a pesar de su corta edad, consideran suyo como el que más. “Recortar en educación y sanidad es como matar nuestro futuro, son básicos, es que no deberían ni tocarlos. Que recorten en otras cosas como la Fórmula 1 o las construcciones faraónicas porque al final llegas a creer que es o Calatrava o nosotros”, concluye Penélope. Kerri, por su parte, prefiere quedarse con que “lo que ha ocurrido es el principio de algo que solo acaba de empezar. Por el momento, ya hemos conseguido que el despertar de Valencia lleve el nombre del Lluís Vives”.

Antes de despedirme de los ocho estudiantes, les pregunto si se ven en futuro en Valencia y la gran mayoría me dicen que no. Describen a la ciudad que les ha visto nacer como un lugar sin oportunidades, víctima de la mala gestión y de la corrupción extrema. Una ciudad con una sociedad que prefiere no abrir los ojos por miedo al despertar. Admiten, no sin pesar, que tendrán que dejar su tierra en busca de un lugar que les dé oportunidades aunque confiesan que si surge un movimiento que quiera cambiar la sociedad volverán sin pensárselo.
Fuente: Un reortaje de Pabo Garrigós periodismo humano.

Más de un centenar de estudiantes secundaron anoche los encierros en Madrid .

Más de un centenar de estudiantes secundaron anoche los encierros en Madrid

29/02/2012 – 10:00 

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Madrid, 29 feb (EFE).- Más de un centenar de estudiantes universitarios han secundado un encierro convocado por el movimiento “tomalafacultad” y han pasado la noche en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Complutense y en la Facultad de Formación de Profesorado de la Universidad Autónoma, ambas en Madrid.

Un portavoz de los convocantes ha informado a Efe de que la noche ha transcurrido sin ningún incidente y que en la Complutense se han quedado unos 50-60 estudiantes y un poco más en la Autónoma.

La convocatoria del movimiento “tomalafacultad”, en solidaridad con los estudiantes valencianos y en contra de los recortes en materia de educación, continuará esta noche con un encierro centralizado en la Facultad de Filosofía y Letras de la Complutense.

A las 11.00 tienen previsto manifestarse entre las plazas de Cibeles y Sol y coincidirán frente al Ministerio de Educación en la marcha convocada por el Sindicato de Estudiantes.

Esta tarde también acudirán a la concentración “contra la reforma laboral” convocada por los sindicatos en la Puerta del Sol.

Alumnos del Lluís Vives: “Vamos a tener peores notas pero en conciencia era lo que teníamos que hacer

Los alumnos de Bachillerato del Instituto Lluís Vives de Valencia están convencidos de que toda la actividad de la semana pasada se verá reflejada negativamente en sus calificaciones, sin embargo aseguran que era necesario manifestarse y “denunciar los recortes”.

Una gran pancarta en contra de los recortes cuelga del IES Lluís Vives de Valencia, el centro se ha convertido en el símbolo de las reivindicaciones y lucha estudiantil. Sentadas, manifestaciones, asambleas… La actividad en el instituto fue frenética la semana pasada.

“Cada día a la salida de clase hacíamos una sentada en esta calle”, nos explica Bernat, un alumno de segundo de Bachillerato, “el problema es que nosotros pretendíamos estar un cuarto de hora pero como se nos iban uniendo más centros al final acabábamos haciendo una marcha por todo Valencia”.

Este lunes los alumnos del centro han decidido bajar el ritmo de su actividad, “de momento no vamos a volver a hacerlo, tenemos que ir volviendo poco a poco a la normalidad”, afirma Raquel, “de todas formas, aunque nuestro centro ha pasado a ser el símbolo de las protestas en las manifestaciones, había alumnos de todos los institutos de Valencia”.

“No se puede permitir todos los recortes que ha habido, los medios de comunicación dicen que nuestro instituto no tiene déficit pero hay 80 profesores menos que hace un par de años”, explica Alejandro, “empezaron a manifestarse las chicas y chicos de la E.S.O y nosotros les apoyamos, no podíamos hacer otra cosa”.

Los alumnos hacen corros a las salida de sus clases, pese a que han decidido bajar el ritmo, la conversación en la mayoría de los grupos sigue versando en torno a las cargas policiales y las concentraciones de la semana pasada. “Nos han llamado violentos y en ningún momento lo hemos sido. Los moratones de mis compañeros yo los he visto pero todavía no he visto una sola fotografía de un policía herido”, lamenta Juan.

Cuando se saca el tema de la P.A.U los ánimos caen. ¿Creeis que esto os va a influir en las notas? “Claro que sí”, responden todos a coro. “La semana pasada teníamos que haber tenido lo exámenes pero con todo este lío nos los han pospuesto, la evaluación la tenemos el día ocho y seguro que vamos a tener peores notas”, explica Alejandro, “yo no me arrepiento porque en conciencia era lo que teníamos que hacer”.

Este lunes centros de toda España hacían un paro en sus clases contra los recortes en la enseñanza pública y en rechazo a la actuación policial de la semana pasada. Sin embargo, a las doce del mediodía nadie se concentraba a la puerta del Lluís Vives. Una docena de periodistas miraban estupefactos el reloj mientras ni un sólo alumno, padre o profesor salía a la puerta.

“Estamos al margen de este gesto que entendemos es de solidaridad del resto de centros del Estado con nosotros -afirmaban responsables del centro-, pero no hemos decidido ni sí ni no acudir, simplemente estamos en clase, que ya hemos tenido bastante”.

28/02/2012 | Laura Albor | Valencia
La Información.com

PROTESTAS ESTUDIANTILES EN VALENCIA.

PROTESTAS ESTUDIANTILES EN VALENCIA

Las leyendas de la educación

Los manifestantes decían que no hay dinero para calefacción, se han divulgado fotos falsas y se confunden los recortes con reducciones salariales
26.02.12 - 12:41 -

J. BATISTA | VALENCIA .
Manifestación en Valencia

Un momento de la manifestación del día 22.
El pasado 15 de febrero prende una mecha que desemboca en la toma de las calles de Valencia durante las protestas de la llamada Primavera Valenciana. Aquel día, fruto de una asamblea estudiantil impulsada por los alumnos del IES Luis Vives en contra de los recortes educativos, se decide bloquear el tráfico de la calle Xàtiva. Durante los intentos por despejar la calzada, los agentes de la Policía Nacional detienen a un joven de 17 años. Es acusado de atentado contra la autoridad, lo que genera el estallido social que desemboca en tres días (jueves 16, viernes 17 y lunes 20) de altercados, cargas policiales y actos vandálicos en las calles durante concentraciones supuestamente improvisadas.
El resultado es dramático: 42 detenidos -ocho menores-, decenas de heridos e imágenes que han dado la vuelta al mundo, especialmente aquellas que muestran a agentes antidisturbios empleándose con contundencia. Pero no todo lo que reluce es oro. Ha habido relevantes manipulaciones que han espoleado el fenómeno sobre todo a través de las redes sociales.
Frío en el Luis Vives. La premisa de que los alumnos del instituto Luis Vives han sufrido cortes de luz o de calefacción por los impagos de la Conselleria es sencillamente falsa. La idea se ha repetido hasta la saciedad en debates televisivos, programas e incluso en boca de políticos. Y todo a pesar de que la dirección del instituto y la asociación de padres lo han negado de forma categórica. Las cuentas del Luis Vives se mantienen saneadas. Como informó LAS PROVINCIAS, en la actualidad disponen de 82.000 euros, una cifra que el 31 de diciembre se situaba en 27.000.
No hay dinero para luz o calefacción. Los primeros días de disturbios, una de las frases más repetidas por Twitter instaba a recordar que todo se debía por la falta de calefacción o luz en los colegios valencianos por los impagos del Consell. Un nuevo atentado contra la realidad. En la Conselleria sólo tienen constancia de tres problemas de este tipo: en un centro de Muro de Alcoi y otro de Almassora pararon la calefacción al no poder comprar más gasoil, y un instituto de Alicante se sufrió un corte de fluido eléctrico. En los tres, la normalidad volvía a las pocas horas. En el último caso, tras la intervención directa de la consellera de Educación, María José Catalá. Además, todas estas situaciones descritas se dieron a mediados del mes pasado.
La Generalitat ha sufrido problemas de tesorería que han motivado el retraso en los pagos de los gastos de funcionamiento del año pasado. Pero durante las protestas la deuda ya se encontraba saldada tras abonarse el 26 de enero y el 14 de febrero los dos cuatrimestres pendientes de pago.
La mayoría de los problemas por los retrasos se deben a falta de material escolar y servicios. Han sido decenas los centros afectados. Quizá algún centenar, pero no los 1.657 de la red pública.
Ha calado la idea de que la situación de ahogo es crónica, aunque solo quedan por pagar el bono libro y el bono infantil, y existe el compromiso de la Conselleria de que la situación no se volverá a repetir. Para este año, además, el presupuesto para calidad educativa se ha mantenido al mismo nivel que en 2011.
Los recortes educativos. Se ha producido una manipulación de conceptos que han sido el supuesto germen de la protesta, incluyendo los recortes en los gastos de funcionamiento, hasta que ganó peso el argumento de la brutalidad policial.
Aunque los sindicatos defienden que las reducciones de plantilla y de programas educativos vienen de lejos, lo cierto es que la verdadera movilización -con infiltrados que provocaron a la policía y azuzaron a los alumnos menores de edad- llegó tras publicarse el decreto de medidas contra el déficit, que básicamente reduce beneficios salariales de profesores.
El documento prevé, a partir de marzo, la reducción de los sexenios, un complemento exclusivo de los docentes públicos que se consigue acumulando formación. La previsión de la Conselleria de Educación es recortarlo a la mitad durante dos años, por lo que dejarán de percibir una media de 150 euros mensuales. Eso sí, el recorte será mayor para los que más sexenios acumulan. El ahorro anual previsto con esta medida es de 67,5 millones y Educación asegura que alrededor de un tercio del profesorado no se verá afectado al no disponer del complemento.
El decreto también contempla que el personal interino deje de percibir los sueldos de julio y agosto y, en algún caso, que no se cubra el total de la nómina por baja laboral a partir del decimoquinto día.

Nuevos refuerzos de la policia llegan a Valencia para frenar las protestas .

La Policía refuerza su dispositivo en las calles valencianas con 150 nuevos agentes procedentes de Barcelona, Sevilla y Valladolid

Agentes antidisturbios en el centro de Valencia.

Agentes antidisturbios en el centro de Valencia.-

Frente a la magnitud que están alcanzando los ecos de la actuación policial de ayer en Valencia durante las protestas contra los recortes en Educación, las autoridades no están dispuestas a permitir que continúe y se expanda la que ha sido bautizada como ‘Primavera Valenciana’.

Por eso, al menos tres nuevos grupos de la Unidad de Intervención Policial (UIP), los llamados ‘antidisturbios’, han sido trasladados a Valencia y se desplegarán por las calles durante las próximas horas, donde ya hay desplegados otros cinco grupos compuestos cada uno por 50 agentes antidisturbios.

Los tres Grupos que pasarán a reforzar la seguridad en Valencia proceden de Barcelona, Sevilla y Valladolid. En total, 400 agentes antidisturbios para intentar evitar lo que se prevee como una tarde caliente en Valencia, después de que los estudiantes hayan manifestado que “no abandonarán las calles”.

Así, el despliegue estará dirigido personalmente por el propio Comisario General de Seguridad Ciudadana, Florentino Villabona, quien se desplazará esta misma tarde a Valencia, han indicado las mismas fuentes consultadas.

El Comisario General de Seguridad Ciudadana dirigirá el operativo de 400 antidisturbiosLa Policía no descarta que en las próximas horas puedan desencadenarse en esa ciudad nuevos enfrentamientos entre la Policía y lo que ellos consideran grupos muy radicales que se han infiltrado en lo que originariamente era una protesta estudiantil.

Además, advierten de que el uso de las redes sociales juega un papel fundamental ante este tipo de situaciones y apuntan a la posibilidad de que los enfrentamientos de Valencia se puedan repetir en otros lugares del territorio nacional.

Desde la tarde de ayer, en Twitter se ha llenado con las consignas y mensajes de apoyo a la #PrimaveraValenciana, que se ha contagiado por el resto del país y ha llegado a ser#Primaveraestudiantil. Además, en referencia a las declaraciones del jefe superior de la Policía del País Valencià, Antonio Moreno, que llamó a los jóvenes “el enemigo”, se ha creado el hashtag#YoTambienSoyElEnemigo.

De esta forma, para esta tarde ya se han convocado concentraciones de apoyo en la mayoría de ciudades del país.

Además, se da la circunstancia de que el próximo jueves se juega en el estadio de Mestalla el partido de vuelta de los dieciseisavos de final de la Liga de Europa, contra el Stoke City británico. Se prevé que lleguen a Valencia cientos de aficionados ingleses sin entrada para asistir al partido, lo que podría también alterar el orden en la ciudad.

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