CONDENA HISTORICA POR CRIMENES DE GUERRA CONTRA LA INFANCIA

Aplauden la condena de la Corte Penal Internacional contra Thomas Lubanga por los crímenes de guerra en los que se reclutaba a niños para su movimiento armado en la República Democrática del Congo (RDC).

Thomas Lubanga

Thomas Lubanga

Como resultado de la decisión histórica de hoy, Lubanga es el primer jefe militar que se enfrenta a la justicia internacional por la utilización de niños como armas de guerra. ”Esta es una victoria fundamental para la protección de los niños en los conflictos”, dijo AnthonyLake, Director Ejecutivo de UNICEF. ”La condena de Thomas Lubanga por parte de la Corte Penal Internacional envía un mensaje claro a todos los grupos armados que esclavizan y maltratan a los niños: la impunidad no será tolerada.”

Thomas Lubanga Dyilo, ex presidente de las Unión de Patriotas Congoleños, fue declarado culpable de reclutar y alistar a niños menores de 15 años y utilizarlos como participantes activos en el conflicto de la República Democrática del Congo en 2002 y 2003. Miles de niños, algunos de tan solo siete años, fueron reclutados y utilizados como combatientes, así como porteadores, cocineros y esclavos sexuales, por parte de todos los bandos en conflicto.

UNICEF incide en que el reclutamiento y la utilización de niños en conflictos es un crimen de guerra. A menudo son los niños más vulnerables los que sufren explotación -los huérfanos, y niños que han sido separados de sus familias y comunidades a causa de la violencia-. UNICEF ha pedido en repetidas ocasiones el enjuiciamiento de quienes cometeneste delito.

“La explotación de niños por parte de grupos armados va más allá de violar sus derechos,les roba su infancia”, dijo Lake. ”A UNICEF le alienta que el Fiscal de la CPI, Luis Moreno-Ocampo, haya hecho hincapié en la situación de los niños reclutados y utilizados por fuerzas o grupos armados en su enjuiciamiento exitoso”.

Decenas de miles de niños siguen siendo víctimas de estas graves violaciones en al menos 15 conflictos armados en todo el mundo. UNICEF mantendrá sus esfuerzos en el trabajo para rescatar a estos niños y rehabilitarlos.

El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia viene trabajando intensamente en varios países, entre ellos la República Democrática del Congo, para ayudar a los niños atrapados en conflictos a través de programas de educación y capacitación técnica en las comunidades, y especialmente apoyando a mujeres y niñas. Desde 2005, al menos 35.000 niños han sido liberados o escaparon de las fuerzas armadas o grupos armados en la RDC y han recibido el apoyo de UNICEF y sus aliados para lograr reintegrarse en sus comunidades y familias.
Fuente: Periodismo humano.

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Corresponde a nuestra generación cambiar las cosas

Conversamos con estudiantes del Instituto que puso nombre al despertar de la sociedad civil valenciana contra los recortes, el Lluís Vives.

Nos explican cómo vivieron las manifestaciones, la represión policial, el tratamiento de determinados medios, o estar detenidos.

Y piden que se retiren los cargos porque tener antecedentes es incompatible con viajar a ciertos países, opositar para juez o realizar una beca Erasmus. “Aún tenemos sueños que cumplir”.

Han pasado varios días desde el día que quedamos para hablar con calma sobre todo lo ocurrido y ahora les espero en la puerta del Lluís Vives a que salgan de clase. Hemos quedado a las cinco pero no veo señales de ninguno de ellos. Una chica que no conozco se me acerca, me pregunta si soy el periodista. Almudena Soullard, 17 años, estudiante de 2º Bachillerato artístico. Fue una de las detenidas el día de las duras cargas policiales cuando paseaba con su madre y sus dos abuelas por el centro mientras observaba atónita lo que ocurría en Plaza España.

Mariola Morera, estudiante de 2º de Bachillerato científico, aún no ha llegado por lo que Almudena me presenta a Andreu Melchor, quien también va a participar en el reportaje. Andreu me saluda pero no me presta mucha atención. Está conversando con una mujer que se le ha presentado y se le ha puesto a hablar de sus libros de autoayuda. Él, con buena educación, la atiende con paciencia y escucha lo que la mujer le quiere contar hasta que se da por satisfecha. Almudena me mira con cara circunstancia por lo extraño de la situación y en ese mismo instante llega Mariola. Tras varios minutos de cortesía, la escritora se da cuenta de la escena y libera a Andreu, no sin un poco de tristeza al haberse quedado sin compañero literario.

Nos dirigimos hacia una cafetería cercana que tiene una especie de reservado, decorado con fotografías de los actores más famosos del siglo XX. Por el camino nos encontramos con Alberto Rodríguez, estudiante de 2º de Bachillerato de Humanidades. Mariola le cuenta nuestra hoja de ruta para esa tarde y decide incorporarse.

Una vez dentro del local, subimos al reservado. No piden nada para tomar, quieren ir directamente al grano y Mariola lo dice claro en la primera frase: “Hemos salido a la calle porque no tenemos futuro con la política actual. Estamos viendo que solo hacen corrupción, solo hacen cosas para robar en lugar de gastarse el dinero en nosotros, dinero que encima es nuestro. Nosotros pagamos nuestros impuestos y ellos en vez de hacer una política de bienestar social se lo gastan en juergas. ¡Es un cachondeo!”. Almudena le interrumpe para explicar que la situación en las clases es insostenible: “Somos 38 en el aula y así no podemos seguir”.

Mariola vuelve a tomar la palabra y aprovecha para defenderse de las numerosas críticas que recibieron durante la semana de movilizaciones en las que se afirmaba que no habían recortes en educación y que sus protestas estaban manipuladas. “Dicen que no tenemos razón al manifestarnos porque los recortes solo han sido de sueldos de profesores por lo que no nos afecta. ¡Mentira! Las aulas de refuerzo han desaparecido así como las de ayuda a estudiantes extranjeros. Llevamos tres meses sin dos profesores y estamos en 2º de Bachillerato. Es inadmisible”. Alberto se suma a la crítica señalando que tienen el selectivo a la vuelta de la esquina por lo que la situación es inaceptable.

Las movilizaciones de la “#primaveravalenciana”, como se ha llamado a la semana de protestas, no han sido su primer contacto con la vida pública. Todos ellos ya habían participado en otras manifestaciones, protestas o incluso en asociaciones de carácter cultural o social, en los casos de Mariola y Almudena. Los chicos dicen optar por un activismo más a nivel individual y en el caso de Andreu: “autodidacta”. Andreu fue el primer estudiante detenido en las protestas, según el informe policial, por pegar y morder a un policía. Aunque cuesta imaginarse a este chico de 17 años, estudiante de 2º de Bachillerato de Humanidades, tímido y bastante reservado en una actitud tan violenta. Alberto, por su parte, aprovecha su turno de palabra para adentrarse en materia: “El día que salimos a cortar el tráfico, más que como una organización, salimos a título individual y además, éramos todos menores. Nosotros, los de 2º de bachiller, éramos los más mayores”, exclama. Almudena añade: “Los dos primeros días antes del miércoles que es cuando pasó todo, cortamos el tráfico durante 10 minutos de manera pacífica. Los policías lo sabían, sabían que no íbamos a provocar altercados ni agredir a los conductores. Sin embargo, cuando salimos el tercer día, miércoles, ellos ya iban dispuestos a cargar”.

Durante casi una hora los cuatro estudiantes intercambian impresiones de lo ocurrido, expresan su tristeza por algunas actitudes o episodios y sueñan con un futuro mejor para toda la sociedad. No obstante, hay tres temas que no les dejan indiferentes: el papel de la policía y de la Justicia, la cobertura mediática y la respuesta de la sociedad valenciana. Para todos ellos, la visión de las fuerzas de seguridad se ha transformado a una imagen de cuerpo represor en el que no se puede confiar tras ver como “la policía corría detrás de la gente por toda Valencia en medio de batallas campales, qué batallas, masacres! Para dar porrazos a todo aquel que se le ponía delante”, describe Alberto. “Nosotros hemos estado desde el primer día y hemos vivido y visto la brutalidad policial ejercida y no era normal. No eran personas, tenían una rabia interna comprimida y la descargaban contra ti. Hasta que no lo ves no lo puedes llegar a entender. Era una crueldad infinita”, denuncia Mariola.

A su vez, Almudena hace un pequeño paréntesis en el debate para contar su propia historia. “A mí me detuvieron el lunes sobre las tres cuando estaba con mi madre y mis dos abuelas. Yo estaba con un grupo de personas en la calle de San Vicente viendo lo que estaba ocurriendo en Plaza España, a cierta distancia porque iba con mi familia. De repente, vino un policía hacia nosotros y dijo ‘tú, detenida’ y se me llevaron sin ninguna razón, no me dio tiempo ni a reaccionar. Golpearon a mi madre causándole varias contusiones y a mi abuela la empujaron con el escudo con lo que casi se cae, y si se hubiera llegado a caer ya no se hubiera levantado porque no puede casi andar. Después me acusaron de ‘desobediencia grave’, pero qué desobediencia ni ostias si no me dio ni tiempo a decir nada”. Y continúa, “no tenían miramiento por nada ni por nadie ya fueran niños, adultos, mayores o embarazadas. Solo se preocupan de cumplir las órdenes”.

Pero los malos recuerdos no terminan en el momento de la detención para esta estudiante de 17 años, lo peor vino después: “El tiempo que estuve detenida fue horrible. Las vejaciones y burlas de los policías fueron continuas. El estado psicológico al que te someten no mostrándote ni una pizca de respeto, ni como persona, junto con las agresiones psicológicas del estilo ‘te voy a matar’, ’si te tiro del pelo es culpa tuya por tenerlo largo’ o ‘no tienes cuerpo ni de puta’ son una destrucción total. Además, cometieron ilegalidades porque yo era menor y hubiera tenido que avisar a mis padres en el mismo instante de detenerme. Sin embargo, no les llamaron hasta varias horas después y ya no hablamos de cuando me soltaron…”

La justicia es otra de las víctima de la #primaveravalenciana. Los cuatro estudiantes afirman sin pestañear que no confían en ella mostrando como ejemplos de impunidad e ineficacia el juicio de Francisco Camps, expresidente de la Generalitat Valenciana, el hecho de que los policías no llevaran el número de placa visible cuando es obligatorio o las denuncias que han recibido en sus casas. Almudena sentencia en tono irónico: “Esta justicia nos da mucha esperanza” y Alberto aventura: “Si acabo denunciado por las ostias que me han dado me parecería, vamos, estupendo. Un policía me pega con un porrazo impresionante y aún soy yo el delincuente, ¡increíble!”. Mariola, a su vez, pide que al menos se retiren los cargos porque tener antecedentes es incompatible con viajar a ciertos países, opositar para juez o realizar una beca Erasmus y añade: “Aún tenemos sueños por cumplir”.

Respecto a la cobertura mediática, Almudena y Alberto coinciden en señalar que ambos sabían de la manipulación que realizaban los medios de comunicación pero que no ha sido hasta vivirlo en primera persona cuando se han dado cuenta de la envergadura del problema. “Ya sabíamos lo que había pero es que haber sido testigo en primera persona y después ver cómo se han contado los hechos te obliga prácticamente a no creer en nada”. Sin embargo, al igual que los jóvenes de las primaveras árabes, los estudiantes del Lluís Vives sabían de antemano que su lucha estaba en otra dimensión: “Si esto llega a pasar en 2007, cuando las redes sociales no estaban tan desarrolladas, la carga del miércoles hubiera acabado en ‘cuatro estudiantes violentos cortan la calles Xàtiva’ pero como lo grabamos, conseguimos que la sociedad se enterara de lo que realmente había ocurrido. Sin tener que depender de los medios de comunicación”, explica Mariola.

Pero no todo ha sido negativo para Mariola, Alberto, Almudena y Andreu. Más bien todo lo contrario. “Todo esto ha servido para que mucha gente abra los ojos y eso nos da esperanza”, admite Mariola quien se queda como mejor recuerdo la increíble respuesta social que generaron las cargas policiales. Para Alberto lo realmente impactante ha sido que después del miércoles, cuando tuvieron lugar las primeras cargas, la gente acudiera por iniciativa propia a las concentraciones para dar su apoyo a sabiendas de que podían recibir porrazos también.

Y esto es lo que le empuja a “luchar por abrir los ojos a la gente, porque la gente no es tonta. Si se le muestra que hay otra manera de hacer las cosas que no sea mediante malas políticas, la gente no es tonta y no va a escoger pasarlo mal”. No obstante, es Mariola quien se atreve a ir un paso más allá y afirma que “la gente mayor está perdida, tienen su mentalidad y no la podemos cambiar. Es la gente menor 20 años quienes de verdad pueden hacer algo y luchar por cambiar su futuro, su vida. Por ellos mismos”. Almudena la apoya: “Corresponde a nuestra generación cambiar las cosas porque nuestros mayores ya lucharon en su momento”. A lo que Mariola añade: “No somos ni de derechas ni de izquierdas, solo queremos valores humanos. Si todo el mundo hace el bien y simplemente se comporta normal, todos viviríamos bien. Se trata de justicia y de humanidad”.

Andreu, quien no había apenas intervenido en toda la conversación se incorpora para porque para él el sentido de todo esto ya no está en un cambio de mentalidad de la sociedad valenciana, que también, sino en un cambio de mentalidad del mundo porque “el sistema en el que vivimos no es viable. Hasta que no estemos en una situación mucho más grave no habrá un cambio real. La democracia no es compatible con el capitalismo, prueba de ello es que los políticos honrados nunca llegan al poder. Así que mientras que exista este sistema no podremos tener una democracia real”. Aunque sus compañeros discrepan la conversación termina como ha empezado, con buen pie. Todos se marchan a estudiar para sus exámenes pero no sin antes confirmarme que cuatro estudiantes más quieren también dar su testimonio. Así que quedo con Mariola para que nos citemos en la misma cafetería a la misma hora.
Penélope Franco, estudiante de 1º de Bachillerato Artístico, es la primera que llega. Kerri Ann y Anaïs Masmacià, acuden unos minutos más tarde tras realizar unos exámenes. Javier Soriano, el único chico, es el que llega más tarde para comenzar rompiendo tópicos.

Al igual que sus compañeros, deciden entrar en materia lo antes posible aunque esta vez varios cafés nos acompañan. “Desde pequeños casi todos hemos ido a manifestaciones y estamos hartos porque nunca se consigue nada. Y es por eso que decidimos cortar el tráfico aunque no fuera legal”, explica Anaïs, estudiante de 2º de Bachillerato de Sociales. Penélope se suma a la explicación puntualizando que los estudiantes del Lluís Vives no fueron los únicos que salieron ese día a la calle, fueron muchos más, lo que pasa es que “como nosotros estamos entre el ayuntamiento y una calle tan importante hemos tenido más repercusión. Pero en realidad fue una decisión tomada en asamblea”. Kerri, la más joven con 15 años, ve todo lo ocurrido como una auténtica “locura” y Anaïs lo tilda de surrealista. “Es un poco extraño, como mínimo, que nosotros cortemos la calle y nos peguen por ello mientras que haya gente que robe millones de euros y esté libre”, sintetiza Penélope.

Posiblemente las retenciones y las cargas contra los estudiantes que tuvieron lugar el pasado 17 de febrero ante la comisaria de Zapadores de València haya sido uno de los episodios más traumáticos que nunca hayan vivido. Tras cortar el tráfico en el centro de valencia aquel viernes, varios cientos de manifestantes se dirigieron a la comisaría para pedir la liberación de los jóvenes detenidos en las jornadas anteriores. “Entre ellos había un amigo mío que lo habían detenido cuando se marchaba a casa tras la manifestaciones mientras hablaba por el móvil. No había hecho nada, simplemente pasó por el lado de unos antidisturbios y se lo llevaron sin más”, relata Javier, amante del cine y estudiante de 2º de Bachillerato de Humanidades.

A la comisaría llegaron a penas unos cientos así que la policía optó por cerrarles el paso en ambas direcciones y acorralarles. “Mientras nos dirigíamos hacia la comisaria un grupo de antidisturbios nos escoltaba y nos decía que no nos iban a pegar que solo nos iban acompañar. Pero después ya sabemos que ocurrió. Acorralaron a 80 personas y en grupos de diez policías venían, entraban en el cerco y cargaban para sacarnos uno a uno, incluso le rompieron la cabeza a una niña a un metro mío”, recuerda Javier. Penélope se suma al relato describiendo el miedo atroz que sufrieron aquel día: “Llame a mi madre para decirle que no podía ir a comer porque me tenían retenida y no me daban ninguna explicación, no sabía que ocurría y dónde podía acabar todo aquello”.

Kerri también quiere participar y pregunta: “Cuando estás en una situación de terror e indefensión como aquella ¿a quién llamas?, ¿a la policía? ¡Ah no! ¡Que son ellos!”, a lo que añade: “Me sentí como una terrorista de verdad y no soy un peligro público ¡que tengo 15 años!”. Todo ello lo cuenta con una voz frágil y delicada y para quien estuvo presente en los incidentes de aquel viernes resulta chocante. Kerri, con una figura delgada y un rostro aún de niña, le plantó cara a toda una unidad de antidisturbios exigiéndoles que le enseñaran sus números de placa si querían que ella les mostrara su DNI. Los policías la amenazaron con detenerla pero ella no se achantó, más bien todo lo contrario, se reafirmó y no cedió ni un milímetro. Tal fue la tensión del momento que acabó por sufrir un ataque de ansiedad del que se pudo recuperar gracias a su hermana allí presente.

Una cosa semejante ocurre con Anaïs. Siempre que ha salido a la calle durante la llamada Primavera Valenciana ha estado en primera fila con una actitud valiente y desafiante. Por el contrario, durante la entrevista se muestra precavida y un poco tímida con los de su alrededor. A su vez, Penélope podría representar la otra cara de la moneda. A primera vista parece una chica reservada y poco dada a los protagonismos pero en las distancias cortas desvela una actitud fuerte y segura de sí misma. Javier, por su parte, encajaría más en el esquema de Penélope que en el de las dos otras compañeras. Y es que, como ellos mismos explican, todo lo que ha ocurrido les ha cambiado por completo: “Estamos en esta etapa donde somos niños y adultos a la vez, aunque es verdad que es posible que esa pequeña parte de infancia haya desaparecido a golpes”, admite Penélope. “Un día estabas pensando con quién quedabas mañana y al día siguiente estabas pensando ‘y si voy por la calle y me pegan’. Tanta violencia siendo tan pequeño te cambia aunque lo peor es ver como pegan a tu hermana, tus amigos o a tu madre”, susurra Kerri.
La violencia policial es lo que más les ha afectado. “Les gusta la violencia y tiene ganas de usarla. En cualquier momento, pueden venir y te pueden pegar y tú no puedes hacer nada, tienen total impunidad. Por lo que me pregunto por qué nos llaman a nosotros enemigos cuando realmente no nos podemos defender”, dice resignado Javier a lo que suma: “Ahora solo siento desprecio por ellos”. Kerri también está en la misma línea: “Ya no te los tomas como la autoridad sino como los contrarios, los que van armados contra ti. Antes temías a las malas personas, ahora también les temes a ellos”. Y Anaïs añade: “A mí siempre me han dado mal rollo pero ahora les veo como asesinos. Por ejemplo, el lunes cuando pegaron a todo el mundo fueron a buscar a los que ya conocían de otros días. Vi como la gente iba andando y los policías detrás dándoles con la porra hasta tirarles al suelo”.

Penélope admite que “en relación a otros países como Túnez, Egipto, Libia, Siria” no tienen nada que decir pero que realmente “han pasado miedo”. Y no porque les peguen ya que al fin y al cabo “nos vamos a recuperar”, si no por “no saber donde están tus amigos o si les ha pasado algo porque la violencia policial fue tal que realmente no sabía hasta dónde podían llegar. Además de la sensación de terror atroz que teníamos al cruzar la calle por si nos decían ‘Tú te vienes con nosotros’. Aquellos días fueron tan duros que pensabas en lo peor, incluso en posible toque de queda”. No obstante, para Penélope así como para sus compañeros lo peor de todo lo que ha pasado es que les hayan tratado como delincuentes, que les hayan denunciado por defender sus derechos y que les hayan marcado de por vida.
Sin embargo, al igual que Mariola, Alberto, Andreu y Almudena. Kerri, Javier, Penélope y Anaïs prefieren quedarse con lo bueno. “Si podemos sacar algo positivo de todo esto es el compañerismo que ha surgido entre todos los estudiantes. Todos somos compañeros y saldremos a defendernos unos a otros, nos conozcamos o no, porque sabes que si fuera al revés ellos también lo harían”, anuncia Penélope. Javier la apoya y cuenta que ha habido un cambio entre antes y ahora: “A la mínima que hagan algo tendrán a miles de personas en la calle porque nos han empujado, queramos o no, a comprometernos con la causa”.

En esa “causa” entra la lucha contra la corrupción, el despilfarro y la mala gestión y la defensa de los servicios públicos. En definitiva, una defensa del Estado de Bienestar que ellos mismos, a pesar de su corta edad, consideran suyo como el que más. “Recortar en educación y sanidad es como matar nuestro futuro, son básicos, es que no deberían ni tocarlos. Que recorten en otras cosas como la Fórmula 1 o las construcciones faraónicas porque al final llegas a creer que es o Calatrava o nosotros”, concluye Penélope. Kerri, por su parte, prefiere quedarse con que “lo que ha ocurrido es el principio de algo que solo acaba de empezar. Por el momento, ya hemos conseguido que el despertar de Valencia lleve el nombre del Lluís Vives”.

Antes de despedirme de los ocho estudiantes, les pregunto si se ven en futuro en Valencia y la gran mayoría me dicen que no. Describen a la ciudad que les ha visto nacer como un lugar sin oportunidades, víctima de la mala gestión y de la corrupción extrema. Una ciudad con una sociedad que prefiere no abrir los ojos por miedo al despertar. Admiten, no sin pesar, que tendrán que dejar su tierra en busca de un lugar que les dé oportunidades aunque confiesan que si surge un movimiento que quiera cambiar la sociedad volverán sin pensárselo.
Fuente: Un reortaje de Pabo Garrigós periodismo humano.

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“Nadie esperaba que fueran deportados a Congo, donde sus vidas están en peligro”

Cincuenta y cuatro hombres y mujeres han sido deportados a República Democrática del Congo después de su traslado desde Melilla a dos CIE de la Península

Se esperaba que pudieran salir en libertad al no poder ser deportados por falta de convenio migratorio con su país

Según cuentan quienes han podido hablar con ellos, cinco fueron golpeados fuertemente cuando se resistieron a subirse al avión y todos han sido trasladados a la prisión de Kinshasa, una de las más violentas de África

Mustapha, uno de los deportados, durante la concentración ante la delegación del Gobierno en Melilla (José Palazón)

Mustapha, uno de los deportados, durante la concentración ante la delegación del Gobierno en Melilla (José Palazón)

“Es la violación de derechos humanos más grave que ha pasado desde lo que siguió a los saltos de la valla en 2005. Las expulsiones de inmigrantes son habituales, aunque no tanto como dicen las cifras porque la mayoría de las personas salen de los CIE con una orden de expulsión para que ellos la ejecuten voluntariamente y la mayoría se quedan. Pero lo que no esperaba nadie es que estos hombres y mujeres fueran deportados a la República Democrática del Congo (RDC), donde sus vidas están en peligro”.

José Palazón, fundador de la ONG Proderechos de la Infancia (PRODEIN) es la fuente más informada de los temas de inmigración en Melilla. Estudió empresariales, hubo un tiempo en que era profesor y ahora tiene una academia, pero en realidad su vida, esfuerzos y desvelos están destinados a ayudar a las víctimas de las fronteras, los inmigrantes. Sabe sus nombres, dónde vive cada uno y utiliza todos los medios a su alcance para denunciar las ilegalidades y los abusos cometidos contra estas personas: vídeo, redes sociales, blog y una red de contacto que puentea esta ciudad fronteriza amurallada y vallada con la Península Ibérica.

Por eso, que la voz ronca y hoy cansada de Palazón rememoré cuando varios inmigrantes fueron asesinados cuando intentaban cruzar la valla de Melilla para entrar en España y muchos otros entregados por la Guardia Civil a la Policía de Marruecos, gobierno que deportó a miles de seres humanos al desierto para que murieran de hambre y sed… Que compare una de las materializaciones más graves de lo que llamamos ‘externalización de las fronteras‘, es decir, pagar a países colindantes por sellar las fronteras a las personas procedentes de países pobres, alerta sobre la gravedad de la decisión que la madrugada del viernes tomó el gobierno español.

El 23 de febrero entre 54 hombres y mujeres procedentes de la República Democrática del Congo eran trasladados por fin a España desde Melilla, una prisión en sí misma para las personas que han hipotecado toda su vida para llegar a Europa. Muchos de ellos llevaban hasta tres años esperándolo y tras manifestaciones, huelgas de hambre y una concentración ante la Delegación del gobierno que duró un mes y medio y en la que aguantaron el frío, la lluvia y la soledad, eran trasladados a Centros de Internamiento de Extranjero (CIE) en la Península para, según los organismos oficiales, pasar allí un tiempo reglamentario hasta ser puestos en libertad en España y, en ningún caso deportados a RDC puesto que no hay acuerdos de repatriación con este país.

Sin embargo, la noche del viernes los congoleños recluidos en los CIE de Algeciras y de Aluche, en Madrid, fueron trasladados por sorpresa al aeropuerto de Barajas para ser deportados a un país donde los ciudadanos se enfrentan a una cruenta represión en cuanto son sospechosos de ser críticos con el presidente Joseph Kabila. Según cuentan la mayoría de los 32 de compatriotas que se quedaron en Melilla a la espera de ser trasladados en breve a España, los deportados les llamaron y les contaron que algunos de ellos fueron golpeados hasta terminar ensangrentados cuando se resistieron a montarse en el avión al darse cuenta de que iban a ser enviados a su país. También les contaron que viajaron esposados y que así siguieron una vez llegados a Kinshasa.
El periodista del diario melillense El Telegrama, Blasco de Avellaneda, que había seguido de cerca la situación de esta comunidad cuenta cómo se enteró de la noticia en su crónica, que recomendamos leer:

“A las ocho de la mañana de ayer sábado sonaba el teléfono, era Giseliz Sukami, una de las congoleñas que el pasado 23 de febrero partía junto con 43 compañeros hacia la Península. Jamás había escuchado un llanto tan desesperado como el suyo, ¿qué pasa? le pregunté. Apenas podía entender nada entre tanto bramido y sollozo, sólo logré escuchar un grito claro que exclamó: “Congo, nos han traído para morir en el Congo”.

Según cuentan los congoleños que esperan en Melilla, aterrados convencidos de que les espera el mismo destino, sus compatriotas fueron trasladados a una de las prisiones más aterradoras del continente africano, el Centro Penitenciario y de Reeducación de Kinshasa (CPRK), conocido como cárcel “Kin Mazière” de Gombe y donde según han denunciado numerosos organismos internacionales malviven hacinados y torturados los considerados opositores del régimen.

La decisión ha pillado por sorpresa incluso a los más duchos en las violaciones cometidas contra los derechos más básicos como Palazón. “Hasta el año pasado ningún país europeo había deportado inmigrantes a RDC, cuando lo hizo Chipre. Y hace unas semanas, por primera vez un país centroeuropeo, Bélgica, tras un intento cancelado por la fuerte oposición mostrada por parte de la sociedad civil. Parece que hay una especie de reconocimiento de la Unión Europea al gobierno de Kabila después de los polémicos resultados elecciones presidenciales. No pensábamos que fuera posible que les deportarán a un lugar donde saben que van a ser trasladados a una cárcel. Los congoleños dicen que de ahí no se sale vivo y que si sale, mejor no haber sobrevivido por las torturas y demás. Esto es lo mismo que cuando se les daba a los marroquíes cinco euros por negro detenido con una tunda de palos. Sólo que ahora es a 5000 kilómetros de distancia”.

Entre los deportados había varios solicitantes de asilo por persecución política en su país a los que les fue denegado y varias personas con enfermedades graves. De todas las personas congoleñas trasladadas desde Melilla, sólo dos mujeres embarazadas permanecen en Madrid. Y todo ello, aprovechando que era fin de semana, sin que haya habido ninguna comunicación oficial por parte de la Delegación del Gobierno, la Dirección General de la Policía así como la Embajada de España en la R.D. Del Congo, las mismas instituciones que habían trasladado en varias ocasiones a las organizaciones que trabajan con el colectivo de inmigrantes que no existía un convenio de repatriación con la R.D.C. por lo que era imposible su expulsión.
Los 32 que quedan en Melilla según Palazón están en estado de shock. “Es la primera vez en mi vida que veo a personas tan perdidas, tan paralizadas”. Y añade en el comunicado de PRODEIN que “España vuelve a tener una responsabilidad directa en las muertes, torturas y malos tratos que se produzcan en este colectivo.España y la UE deben de tener una sola vara de medir a la hora de defender los Derechos Humanos y combatir a los dictadores de África. Kabila no es distinto a Gadafi por muchos intereses económicos que se compartan con el dictador Kabila”.

Fuente: Periodismo Humano.

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Escuelas bajo el fuego en El Salvador

Wilber Geovany Hernández fue asesinado a tiros cuando salía de sus clases nocturnas en una escuela del norte de la capital de El Salvador, y se convirtió en la víctima mortal número 11 entre los estudiantes del país desde que comenzó el año escolar el 23 de Enero.

Tenía 18 años, estudiaba noveno grado de educación media en una escuela pública del distrito capitalino de Mejicanos, y murió al instante cuando fue baleado a las puertas del centro el 29 de febrero. La ola de violencia que abate a El Salvador ha alcanzando a las escuelas del país, cuyos estudiantes y maestros son víctimas de extorsiones, asaltos y asesinatos..

Esa violencia afecta el proceso de aprendizaje de los estudiantes, genera graves consecuencias en su vida personal y perturba al desarrollo social del país, cuya infancia y juventud ya es afectada por los altos niveles de deserción escolar en los niveles educativos básicos, indican los expertos salvadoreños en el tema.

La deserción alcanza a 20 por ciento en las escuelas más afectadas por la violencia, según cifras del Sindicato de Maestros de Educación con Participación de las Comunidades (Simeduco). En El Salvador hay 5.000 escuelas públicas, que atienden a unos dos millones de alumnos. De ellas, 340 son consideradas peligrosas, y de estas 161 de alto riesgo, por la violencia interna y de su entorno.

Este país de 6,1 millones de habitantes tiene una de las menores coberturas escolares de América Latina, según organismos multilaterales. Su sistema establece nueve grados de educación básica, obligatoria y gratuita, dividida en un ciclo primario de seis grados y otro medio de tres, que habitualmente se cursa de siete a 15 años.

“Los niños y jóvenes están tratando de aprender en un ambiente nada adecuado, un ambiente de miedo y de represión”, dijo a IPS el vicepresidente de la Fundación Innovaciones Educativas Centroamericanas (Fieca), Felipe Rivas. A la falta de recursos -propia de un país pobre- para mejorar la educación, se suman ahora los impactos del crimen y la delincuencia.

La tasa de analfabetismo en el país es de 10 por ciento, pero sube a 22 por ciento en las áreas rurales, según la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples del 2010. El Ministerio de Educación se ha planteado la meta de bajar la tasa de analfabetismo nacional a cuatro por ciento en 2014, un objetivo que los expertos consideran difícilmente alcanzable, entre otros factores por el impacto que la violencia está creando en la comunidad estudiantil.

La tasa de asistencia escolar en niños de cuatro años, cuando comienza el ciclo preescolar, es de 32,7 por ciento, mientras que la escolaridad promedio es de solo sexto grado, según la misma encuesta. ”De fondo tenemos que el aprendizaje se ha fracturado por el tema de la violencia”, agregó Rivas.

El año pasado, 139 alumnos y seis maestros fueron asesinados, según reconocen las autoridades del Ministerio de Educación, la mayoría del sistema público y en las cercanías de las escuelas. El Salvador cerró 2011 con 4.374 homicidios.

Ello se traduce en una tasa de 70 asesinatos por cada 100.000 habitantes, una de las más altas del mundo según varios reportes internacionales, y muy por encima de la ya elevada tasa promedio de América Latina, que está en torno a 30 muertes por cada 100.000 habitantes. Parte de esa violencia es provocada por muchos de los 29.000 miembros de las dos principales pandillas criminales en el país, conocidas como “maras”. Se trata de la Mara Salvatrucha y el Barrio 18.

La prensa local ha reportado los esfuerzos de las pandillas por reclutar a niños y jóvenes de las escuelas de las zonas más violentas, como método para introducirlos en el tráfico de drogas ilegales y otros delitos. ”En las escuelas ya se trafica droga, ya se consume droga, incluso hemos visto que los padres utilizan a sus hijos para comerciarlas”, señaló a IPS Manuel Molina, secretario general del Simeduco.

Las autoridades reconocen que la violencia ha llegado a la comunidad educativa, como parte de la vorágine de violencia que se vive, pero descartan que haya una intención clara de pandilleros y criminales de atacar a estudiantes y a las escuelas.

En tanto, la Policía Nacional Civil (PNC) desplegó a unos 560 agentes en 161 centros educativos de alta peligrosidad, como parte de un plan gubernamental para atajar las muertes de estudiantes. En marzo de 2010, la PNC y el Ministerio de Educación firmaron el Convenio de Prevención y Protección Escolar, que pretende enfocar el fenómeno desde un ángulo integral e incluye actividades de prevención de la violencia, como deporte y arte, entre otras. ”Se han hecho algunos esfuerzos a nivel gubernamental, pero es un tema complejo y nos parece que los planes no han funcionado y la situación está peor”, dijo Molina.

Autoridades del Ministerio no atendieron el pedido de entrevista de IPS sobre el tema. Algunas de las medidas adoptadas por la policía, como el registro de de los estudiantes al entrar en los planteles, en busca de armas y drogas, han sido criticadas por el riesgo de que los agentes cometan abusos de poder y hasta violaciones a los derechos humanos.

Otra medida cuestionada es la de enviar a grupos de estudiantes de educación básica a las cárceles del país, para que vean directamente la vida de los reos y lo que puede sucederles si se adentran en los caminos delictivos. Pero el director de la policía, Francisco Salinas, reconoció el 29 de febrero ante la Comisión de Educación del unicameral Congreso legislativo que esas visitas fueron un error y no eran parte del convenio de protección. “Aceptamos la responsabilidad. Fue un error”, dijo a los diputados.
Los maestros también son víctimas de la violencia, porque son extorsionados por los pandilleros: o pagan cierta cantidad de dinero, o son asesinados. En varias escuelas se ha sabido de “tarifas” de 100 dólares mensuales para el director del centro y 50 para cada docente. Eso llevó a muchos maestros a dejar temporalmente su puesto y pedir el traslado a zonas más seguras. Pero el proceso burocrático impide que los cambios se den con la prontitud que necesitan los afectados.

En 2011, unos 362 maestros solicitaron traslados por motivos de inseguridad, según Simeduco, y 78 por ciento de ellos los obtuvieron. Pero el número de afectados podría ser sustancialmente superior porque hay quienes no denuncian y pagan la extorsión para evitar ser asesinados.

Gracias a la presión del gremio magisterial, el parlamento aprobó en 2011 el decreto transitorio 499, que agilizaba el rápido traslado de docentes extorsionados y que caducó en noviembre. Ahora, el gremio demanda que el parlamento renueve el decreto por tres años más. Sin embargo, el problema persistirá porque el sustituto también sería amenazado. “El problema no se resuelve con los traslados, porque al maestro que llegue igual lo van a extorsionar”, dijo Rivas.

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El PP ha colocado a Valencia en el mapa, pero en el mapa de lo que no se debe hacer nunca en una sociedad realmente democrática

El reinado absoluto y absolutista de Rita Barberá agoniza, tal y como comprobamos al ver las airadas reacciones de ciertos personajes del PP, cuando una valiente diputada de Compromís, se atreve a decir en las Cortes Valencianas, lo que todos llevamos años pensando y padeciendo en silencio.

Tampoco es de recibo ni propio de una persona sensata y en sus cabales, la respuesta iracunda y disparatada efectuada por la alcaldesa de Valencia, cuando la joven diputada de Compromís, hace uso de su legítimo deber y obligación al exigir responsabilidades políticas, por el descarado y obsceno saqueo y expolio cometido con el dinero de todos por el Partido Popular… Con estos comportamientos y amenazas aberrantes, demuestra la alcaldesa de Valencia, que el PP quiere seguir negando lo que ya es una evidencia, que ha trascendido allende nuestras fronteras.

Debe saber la alcaldesa de Valencia, que cualquier ciudadano y/o representante, tiene el deber y la obligación de fiscalizar la acción política de sus gestores. Vivimos en el siglo XXI, no en la Edad Media.

La regla básica de todo sistema democrático occidental sano y limpio, es fomentar la transparencia a través de la participación en todos sus ámbitos, algo que lamentablemente falta en las instituciones valencianas y en el resto de las españolas.

Es incuestionable que El PP lleva años “saqueando”, por acción u omisión, las arcas públicas, para favorecer negocios y actividades al margen del interés general, atentando contra nuestra dignidad y el derecho a vivir. La falta de rentabilidad de los grandes eventos y las construcciones faraónicas, demuestra que se han cometido excesos, de manera reiterada y a sabiendas de su ineficacia e inutilidad.

También resulta indecente que la respuesta del PP, ante las protestas legítimas de la sociedad, ante tanto recorte, tanto abuso y tanta evidente corrupción, sea orquestar una campaña de detenciones ilegales contra menores de edad, por no hablar de otras actuaciones, propias de regímenes totalitarios y bananeros del Tercer Mundo.

Lo siento, queridos señores del PP, pero las arbitrarias e innecesarias inversiones y derroches realizados con nuestro dinero… merecen una investigación rigurosa, una auditoria independiente, así como una depuración de responsabilidades, tanto de carácter político como judicial. Debo hacer constar aquí que algunos somos muy escépticos y sabemos bien del servilismo e indolencia que existe en muchos de los organismos que conforman el Poder Judicial.

Nuestra vida, nuestra dignidad, nuestra libertad… corre serio peligro si permitimos que los mismos que han expoliado las arcas públicas, permanezcan ocupando puestos en las instituciones.

Tantos años en la poltrona, ha logrado que muchos de los actuales dirigentes del PP, se crean inmortales. Y nadie es eterno ni mejor que cualquier ser.

La alcaldesa de Valencia, si conoce y se cree las reglas que deben imperar en todo régimen democrático occidental, tiene el deber inexcusable y urgente de aceptar y permitir, que cualquier persona fiscalice y conozca qué se ha hecho con el dinero de todos. Gritar de manera iracunda y tergiversar las acertadas propuestas de Mónica Oltra, únicamente confirma que la Sra. Barberá ha perdido el Norte y otras cosas que me callo, por respeto.

Los ciudadanos valencianos queremos conocer qué ha pasado con nuestro dinero. Y exigimos sancionar penal y políticamente a todos los que han usado la política y la administración como un casino de las Vegas, como un gran burdel… pues es algo imprescindible, bueno y necesario para que todos podamos vivir algún día en una sociedad libre, plural, democrática.

Los comportamientos y acciones totalitarias y “gansteriles”, que estamos observando por parte del Partido Popular en Valencia y resto de España, únicamente nos obliga a toda la gente de bien y decente, a unirnos y a denunciar con firmeza a todos aquellos personajes que forman parte de la red clientelar y corrupta, que han propiciado la ruina y al desprestigio internacional de nuestra tierra, de nuestro país, y que han arruinado nuestras propias vidas y la de todos nuestros seres queridos.

Repito: nuestra vida corre peligro si seguimos dejando en manos de los expoliadores y saqueadores, la toma de decisiones políticas.

Hay muchas formas de estar muertos, aunque respiremos. Y el PP ha logrado matarnos un poco a todos los valencianos de bien, pues nos ha humillado al ofrecer una imagen de nuestra Comunidad como un cortijo, donde todo tipo de disparates se pueden cometer al margen del sentido común y la legalidad.

El PP ha colocado a Valencia en el mapa, pero en el mapa de lo que no se debe hacer nunca en una sociedad realmente democrática y plenamente adulta. Por eso ahora somos el hazmerreír internacional, el ejemplo a no imitar por nadie responsable y sensato.

Fuente: Anna Noticies.

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AVISO: sobre la información vertida por algunos medios sobre a nuestra posición respecto a la Huelga .

AVISO RESPECTO A INFORMACIÓN VERTIDA SOBRE Democracia real ¡YA! POR ALGUNOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN EN RELACIÓN A LA HUELGA GENERAL CONVOCADA PARA EL PRÓXIMO 29 DE MARZO:

Democracia real ¡YA! a día de hoy no tiene una postura definida con respecto a la Huelga General convocada para el día 29 de marzo.

Desde Democracia real ¡YA! nos posicionamos totalmente en contra de la Reforma Laboral impulsada por el PP, así como la anterior del gobierno del PSOE. Democracia real ¡YA! tiene como principio básico el asindicalismo, por lo que es independiente en sus juicios y acciones de cualquier sindicato.

Están circulando informaciones tergiversadas en el sentido de que desde Democracia real ¡YA! no se apoya la convocatoria de huelga. Sin embargo, Democracia real ¡YA! establece sus decisiones de forma democrática, y es necesario consensuar una postura determinada por el conjunto de miembros de la plataforma. Dado que el proceso de decisión sobre la postura final de Democracia real ¡YA! respecto a la Huelga está en curso, no es posible haberse posicionado por el momento.

Una vez más, la información suministrada a los medios de comunicación sobre los eventos que se tratan en nuestro colectivo han sido tergiversados, expresados parcialmente o con inexactitud. Sin entrar en juicios de intención, apelamos a la seriedad y objetividad periodística al tratar la información que se emite por parte de una plataforma en la que participan muchas personas.

*Recordamos que toda la información oficial, eventos y acciones sobre Democracia real YA! Puede consultarse a través de los canales habituales:

- Web: http://www.democraciarealya.es/

- Facebook: http://www.facebook.com/democraciarealya

- Twitter: @democraciareal | @12m_15m


www.democraciarealya.es

¡No somos mercancía en manos de políticos y banqueros!
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Miles de personas toman las calles de Zaragoza contra la reforma laboral .

Heraldo.es|11/03/2012 a las 12:01  

Desde las 12.00 del mediodía, miles de personas se manifiestan en las calles de Zaragoza contra la reforma aprobada por el Ejecutivo de Rajoy. También lo hacen en Huesca y Teruel y otras 60 ciudades españolas.

Manifestación contra la reforma laboral 11/3/2012

Manifestación contra la reforma laboral.

Miles de personas se han manifiestado en Zaragoza contra la reforma laboral. Aunque la afluencia es algo menor que el pasado 19 de febrero, varios millares de manifestantes se han concentrado en la capital aragonesa convocados por las principales organizaciones sindicales, CC.OO. y UGT, así como otros partidos y organizaciones, en protesta por la reforma laboral emprendida por el Ejecutivo de Mariano Rajoy.

Las manifestaciones convocadas por los sindicatos han comenzado de forma simultánea  en Zaragoza
 (Plaza Basilio Paraíso), Huesca (Plaza de Navarra) y Teruel (Plaza de la Catedral). Según rezaba en la pancarta de la cabeza de la manifestación en la capital aragonesa, la reforma es “injusta con los trabajadores, ineficaz para la economía e inútil para el empleo”.En un ambiente festivo y con un día muy soleado en la capital aragonesa, los asistentes han secundado el llamamiento entre gritos y consignas como “No habrá paz social, con la reforma laboral”, “Oe, oe, oe, hay que hacer un ERE a la CEOE”, “La reforma laboral, para la Cospedal” o “Marino, tuturú, a Laponia te vas tú”.

Los secretarios generales de UGT y CCOO en Aragón, Julián Lóriz y Julián Buey, han encabezado la manifestación convocada en Zaragoza. Ambos han instado a que, tras la protesta de hoy, el próximo 29 de marzo “paralicen el país”.

La manifestación ha recorrido el escaso trecho que va desde la plaza de Paraíso a la sede del Gobierno de Aragón, donde han intervenido ambos lideres sindicales después de guardar un minuto de silencio en memoria de las víctimas de los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid, mientras sonaba “El canto de los pájaros”, de Pau Casals. Los sindicatos han querido tener un recuerdo para las víctimas de los atentados, “que no son de nadie”.

Buey ha sostenido que la reforma laboral es “la mayor agresión que los trabajadores de este país hemos tenido desde los tiempos de la dictadura”. “Hemos estado en la calle manifestando ese descontento yha quedado patente que los ciudadanos de este país no estamos de acuerdo, repudiamos profundamente esa reforma laboral” ya que, es una “agresión a los trabajadores en toda la fase del mercado laboral, en la entrada, en la permanencia y en la salida”, ha apostillado.

Para Buey, esta reforma introduce “elementos de fragilidad nunca conocidos” en España porque “pone en manos de los empresarios instrumentos de gestión que, en definitiva, son una invitación a despidos masivos, que ya estamos percibiendo en los gabinetes jurídicos de Comisiones Obreras”.

Por ello, ha proseguido, “le hemos mandado al Gobierno de Rajoy propuestas de enmiendas para rectificar y para que matice de manera importante los elementos más graves de la reforma laboral, pero ha respondido con el peor de los desprecios: el silencio”.

Derechos laborales

Por su parte, el secretario general de UGT-Aragón, Julián Lóriz, ha señalado que la manifestación de este domingo “dirige al Gobierno un mensaje muy nítido y claro: debe recuperar el diálogo con los trabajadores, debe cesar la imposición de medidas que nos hacen retroceder en derechos laborales al siglo XIX”.

En este sentido, el secretario general de UGT-Aragón ha incidido en que la reforma “hace más fácil despedir, dificulta la creación de empleo y va a perjudicar a todos”. Además, ha manifestado que “no es cierto lo que dice Rajoy de que por este camino no vamos a la modernidad, por este camino vamos a la edad media del trabajo”.

Lóriz también ha calificado al Gobierno central de “opaco”, dado que “oculta lo que quiere hacer en los presupuestos, nos ha impuesto un decreto sin escuchar a las organizaciones representativas de los trabajadores, como dice la Constitución que debe hacer, y está desatendiendo el clamor de la ciudadanía que rechaza una reforma laboral”.

“Rajoy avanza escudándose en la mayoría parlamentaria y agrediendo a los trabajadores, por eso, desde esta manifestación, el movimiento sindical le pedimos que dialogue, que vuelva a hablar, y que deje la imposición, porque por ese camino vamos al pozo de la destrucción de la economía española”, ha recalcado.

Así, ha subrayado que el Gobierno “no atiende a razones” porque“impone normas que incluso no iban en su programa electoral, eso se llama estafar a su electorado”. Por ello, “si el Gobierno no nos atiende, el 29 de marzo habrá una huelga general para exigir diálogo y cambio de políticas”.

“El día de hoy es una oportunidad más para Rajoy para discutir sobre las necesidades que realmente tiene nuestro mercado de trabajo, nuestra economía que son recuperar la actividad, el consumo, que haya liquidez por parte de los bancos para las pymes, autónomos y familias”, ha insistido.
Manifestaciones en 60 ciudades españolas

Los ciudadanos se han manifiestan simultáneamente en 60 ciudades españolas para que vuelva a movilizarse en contra de la reforma laboral y contra el “ataque” del Gobierno a los servicios públicos.

La manifestación es la segunda de estas características que convocan los sindicatos tras la del pasado 19 de febrero, que se saldó con una multitudinaria participación, según las organizaciones sindicales.

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La testosterona de sus banqueros y sus bravuconadas económicas hicieron caer a Islandia . Las mujeres se han hecho cargo de la isla y han puesto en valor un concepto: sostenibilidad .

Aurora boreal

A la izquierda, la primera ministra islandesa, Jóhanna Sigurdardóttir, y Katrin Jakobsdottir, siguen el resultado electoral, en abril de 2009. / BOB STRONG (REUTERS)

En Reikiavik hay un espléndido edificio de cristal negro, grande y hermoso frente al mar, en un lugar en el que hace tres años no existía más que un solar vacío. Lo sé porque estuve allí hace tres años, en un momento terrible para Islandia, un país arruinado por la excesiva testosterona de sus banqueros, el primero en sucumbir a la recesión, el que sufrió la caída más dura. En aquellos primeros meses de la crisis, la pequeña, rota y desesperada Islandia (población: 320.000) constituyó un anuncio del Apocalipsis para las grandes naciones de Europa occidental. Sin embargo, hoy, ahí está ese edificio nuevo y reluciente, una imagen de opulencia y modernidad tan extraordinaria como el Museo Guggenheim de Bilbao, estrambóticamente fuera de lugar en esta Lilliput nórdica de casitas de Lego pintadas de rojo, amarillo y azul. No podía apartar la vista del edificio, ni de día ni —sobre todo— de noche, cuando su multitud de ventanas asimétricas y marcos irregulares cambiaba continuamente de colores, como en una imitación líquida de la aurora boreal.

¿Qué ocurrió en Islandia? ¿Qué ha ocurrido en estos tres años para que surja, de las cenizas del desastre económico, una construcción tan extravagante? Lo que ha ocurrido es que las mujeres se han hecho cargo del país y lo han arreglado. Y ese edificio, el primer auditorio nacional de conciertos en la historia de Islandia, donde la compañía nacional de ópera representa en estos días, con el aforo completo, La Bohème de Puccini, es la encarnación del cambio que se ha vivido. Porque nos dice que Islandia no se hundió, que el país ha vuelto a levantarse; y porque la persona que decidió construirlo o, más bien (y con algo más de polémica), no interrumpir su construcción después delcrash financiero, fue una mujer.

El presupuesto estatal está casi equilibrado, las exportaciones superan a las importaciones y la moneda es estable

Quería conocer a esa mujer. No por los motivos habituales que empujan a los periodistas a escribir sobre mujeres poderosas —porque hubiera triunfado en un mundo de hombres—, sino precisamente por todo lo contrario. Porque esa mujer simboliza una tendencia en Islandia, o, más que una tendencia, una revolución, un golpe de Estado. Desde que se produjo la crisis, y como reacción directa y deliberada ante ella, las mujeres se han adueñado de las palancas del poder, y lo han hecho en los ámbitos que más importan, en los que más influencia se ejerce sobre el destino nacional: el Gobierno, la banca y, en creciente medida, la empresa.

Los tres bancos principales de Islandia quebraron en octubre de 2008 y dejaron deudas que ascendían a más de 10 veces el PIB del país. Islandia, que hasta entonces ocupaba el primer puesto en el Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas (es decir, el mejor sitio para un ser humano en el planeta Tierra), se encontró mucho más allá de la bancarrota. Y se echó la culpa a los hombres. Los hombres le echaron la culpa a los hombres. En el partido del Gobierno dominaban los hombres, los banqueros casi sin excepción eran hombres y los temerarios, absurdamente ambiciosos, impulsos que condujeron a una pequeña nación de pescadores a creer que todos se estarían bañando en champán francés por el resto de sus días eran categóricamente, exclusivamente, decididamente masculinos. Así que entonces, como comentó el Financial Times en aquel momento, aparecieron las mujeres para arreglar el lío. El primer ministro fue sustituido por la primera mujer en la historia de Islandia en ocupar el cargo, Jóhanna Sigurdardóttir (gay y casada, con dos hijos de un fallido matrimonio anterior con un hombre), que continúa ejerciéndolo hoy. Las mujeres constituyen la mayoría del Gobierno, cinco carteras ministeriales, frente a cuatro hombres. Se despidió a los consejeros delegados (todos varones) de los bancos que habían quebrado, se cambió de nombre a las entidades y se colocó en sus cargos a mujeres. Cada vez más mujeres se hacen empresarias o empiezan a aparecer en los consejos de administración de empresas privadas. Por escoger entre numerosos ejemplos, la consejera delegada de la mayor compañía de seguros de Islandia en la actualidad es una mujer, igual que la responsable para el país de Rio Tinto Alcan, que encabeza el poderoso sector nacional del aluminio.

Somos un país con mucha determinación y mucha ambición

El tópico, desde Margaret Thatcher, es que las mujeres en puestos de poder son, por necesidad, damas de hierro, que triunfan a base de pensar como hombres. La proposición que me planteé explorar en Islandia fue si el cambio había sido lo suficientemente profundo como para que a los hombres no les haya quedado más remedio ahora que pensar como mujeres.

En Islandia, todo el mundo conoce a todo el mundo. Todos son primos, de una forma u otra. De modo que, cuando pregunté a varias personas si me podían poner en contacto con la mujer de la sala de conciertos, cuyo título exacto es, desde febrero de 2009, ministra de Educación, Ciencia y Cultura, todo el mundo sonrió de inmediato: “¡Ah, Katrin!”.

“Se quedará asombrado cuando la vea”, me dijeron. “Tiene tres hijos, pero nadie lo diría”. “Es muy brillante”. “Sí, tremendamente inteligente”. “¡Pero parece que tiene 12 años!”.

Esto último era una exageración. La persona que se me acercó, con la mano extendida, cuando estaba sentado en una pequeña sala de espera del ministerio tenía aspecto de tener 16 años, por lo menos. Menos mal que me lo habían advertido, pensé; si no, nunca habría creído que era quien decía ser, la ministra Katrin Jakobsdottir, por si fuera poco vicepresidenta del partido socialdemócrata —oficialmente denominado Verdes de Izquierda—, que ocupa el poder. Botas Dr. Martens, vaqueros marrones, pelo lacio, esbelta, menuda: parecía una becaria en su primer día en la oficina, o la hermana menor, más dulce y menos seca, de la chica del dragón tatuado de Stieg Larsson. En realidad tenía 36 años y acababa de volver de disfrutar de su permiso de maternidad tras el nacimiento de su tercer hijo. Totalmente segura de sí misma (si sentía alguna incomodidad al tener como despacho un imponente salón ministerial, no lo delató) y tan lista como me habían dicho que era, no necesitó que le hiciera ni una pregunta para saber cuál era el primer tema que quería abordar con ella.

La sociedad islandesa está estructurada de tal forma que las mujeres no tienen que escoger entre el trabajo y la familia

“Una de las primeras decisiones que tuve que tomar en este puesto fue si seguir adelante con el auditorio nacional o no”, dijo. Cuando asumió el cargo, hace tres años, me explicó, los cimientos estaban construidos, pero no había nada visible sobre tierra. El problema no era solo que la economía nacional estuviera destruida; el multimillonario que había concebido el proyecto, un hombre llamado Bjorgolfur Gudmundsson, que, entre otros excesos, había comprado el equipo de fútbol West Ham United, de Londres, se había quedado sin un céntimo. “Así que me reuní con la gente del Ayuntamiento de Reikiavik para decidir si debíamos seguir adelante con fondos públicos, suspender la construcción hasta que llegaran tiempos mejores o dar por terminado el proyecto. Decidimos seguir adelante”.

¿Por qué? “En parte, porque había 600 personas involucradas en la obra, en parte, porque llevábamos 40 años hablando de construir una sala de conciertos para nuestra orquesta sinfónica y pensamos que, si no lo hacíamos ahora, nunca lo haríamos, pero también porque pensamos que no seguir con el proyecto daría a la gente la sensación de que se prolongaba la crisis”. ¿Habría sido malo para la moral nacional que se interrumpiera, entonces? ¿Seguir adelante tenía un valor añadido que era superior al coste? “Sí. Exacto. Nos vimos obligados a hacer grandes recortes presupuestarios en todo el sector público, pero decidimos seguir. En su momento hubo mucha controversia, pero creo que ahora está desapareciendo. El auditorio se inauguró en la primavera de 2011 y, desde entonces, han acudido más de 800.000 visitantes. A la gente le encanta. Islandia es un país con una gran vida musical, y también somos un país con mucha determinación y mucha ambición. El edificio ha sido un símbolo y una inspiración para los islandeses”.

“Las cosas podrían estar mucho peor”

Un símbolo, entre otras cosas, del regreso a la salud económica. Jakobsdottir reconoció que las cosas podrían estar mejor, que la deuda hipotecaria de la gente corriente sigue siendo elevada, que las inversiones son bajas y que en Islandia, hoy, hay desempleo (justo por debajo del 7%), mientras que antes, no. El nivel de vida, en otro tiempo el más alto del mundo, ha caído, y la gente trabaja más por menos dinero. Pero, como observó el premio Nobel de economía Paul Krugman tras una visita reciente a Islandia, “las cosas podrían estar mucho peor” y aunque ese “no es el eslogan más estimulante del mundo…, cuando todo el mundo preveía un desastre total, equivale a un triunfo político”.

Mujeres en un balneario a 40 kilómetros de la capital isandesa. / T. ORN KRISTMUNDSSON (AFP)

Las cifras apuntan a un grado de solidez casi inimaginable hace tres años. El presupuesto estatal está casi equilibrado, las exportaciones superan a las importaciones, la moneda es estable y, el año pasado, el FMI publicó un informe halagüeño. Por hablar de cosas que se entienden sin que haga falta saber nada de economía, la nueva sala de conciertos no es más que la señal más visible de una larga lista de éxitos. En mi reciente visita, asistí al festival gastronómico anual de Islandia, Food and Fun, que se celebra desde 2002 pero estuvo a punto de ser suspendido, por falta de dinero, en 2009, 2010 y 2011. Este año ha vuelto a florecer, con la participación de 30 cocineros de tres continentes y 25.000 islandeses que pagan 40 euros por cabeza en los restaurantes locales (hay un 50% más de locales de comida en Reikiavik que hace tres años) para saborear sus platos. Icelandair ha duplicado sus rutas desde 2009 y ha aumentado el número de pasajeros en un 20% anual. Se ha creado una línea aérea nueva, WOW, y el turismo también está en auge; las plazas hoteleras para julio y agosto de este año están ya prácticamente todas vendidas. Los precios de las viviendas acaban de subir un 10% y las ventas de Mercedes Benz, según me dijeron fuentes fiables, han aumentado de repente. En cuanto a la sanidad y la educación públicas, tan buenas que ni siquiera los fugaces multimillonarios de la época del boom sintieron la necesidad de pasarse a las privadas, no han sufrido en calidad pese a los recortes presupuestarios que ha tenido que hacer el Gobierno. Como prueba de la normalidad que se ha instalado donde antes acechaba el Apocalipsis, el debate fundamental entre los partidos de izquierda y derecha en el Parlamento es hoy la eterna y rutinaria cuestión de si hay que subir o bajar los impuestos. O si, después de haber recurrido con éxito a la devaluación de la moneda como mecanismo para recobrar la salud, ahora convendría incorporarse al euro.

Pero en lo que todos los parlamentarios están de acuerdo es en que la época del capitalismo de enriquecimiento rápido se ha terminado. La palabra clave, hoy, es sostenibilidad, y todos los partidos la repiten en sus declaraciones públicas. Y la sostenibilidad, en opinión de la ministra Jakobsdottir, es un concepto más femenino que masculino. Ella lo explica así: “Mucha gente achacó los excesos de los banqueros que nos causaron tantos problemas a una cultura masculina”. “En 2009, todo el mundo decía: ‘Lo que necesitamos es menos pensamiento de chulería masculina y más mujeres con ideas pragmáticas y estratégicas’. Lo que hemos aprendido desde entonces es que si queremos permanecer alejados de la crisis y construir, todos sabemos que hay que pensar no en el futuro inmediato, sino en los próximos 10 o 20 años. Esa no es la forma de pensar de un Gobierno dominado por hombres; esa es una manera de pensar femenina”.

“Nosotras hablamos de los sectores creativos”

Le pedí que me dijera en qué terrenos concretos se podían detectar estos cambios. “Hay muchos ejemplos. En general la influencia femenina se ve en este énfasis que le damos al desarrollo sostenible, en construir la economía pensando a largo plazo, de manera fiable y segura. Las mujeres piensan en esos términos porque está en su naturaleza. Un ejemplo más específico: cómo estamos encarando los temas de los impuestos y los presupuestos. La idea es analizar los diferentes impactos que el sistema tiene sobre los hombres y las mujeres, y ver cómo podemos ajustarlo para generar más igualdad entre los géneros. También se ve la influencia femenina en la discusión sobre el empleo. Los hombres se centran en cosas como la industria del aluminio. Nosotras hablamos de los sectores creativos. Hemos llegado a la conclusión de que las artes —en especial la música y la literatura— aportan tanto dinero al país como la extracción de aluminio. No creo que a los hombres se les hubiera ocurrido ni pensarlo”.

El centro de atención político cambia cuando hay más mujeres en el Gobierno

Un dato que asombra en Islandia es que un país de 320.000 habitantes posea tal abundancia de talento artístico, sobre todo en la música, donde, aparte de una ópera nacional y una orquesta sinfónica nacional, existen numerosos grupos contemporáneos que producen todo tipo de cosas, desde la globalmente aclamada Björk hasta el trabajo experimental y esotérico de Kria Brekkan, que ha triunfado en Nueva York y con quien me encontré por casualidad delante del auditorio nacional. Aproveché la oportunidad para preguntarle si ella estaba de acuerdo en que las mujeres habían cambiado Islandia. Ojalá hubiera grabado su respuesta, porque fue de una lucidez cristalina, pero, en resumen, vino a decir que sí, “la fuerza masculina” que había definido el periodo en el que los islandeses habían intentado jugar a los bancos y convertirse en el pueblo más rico del mundo había sido reemplazada por una “fuerza femenina que está en la tierra, que no apunta a las estrellas, y que busca plantar raíces y trabajar para un futuro seguro”.

Hablé con muchas otras mujeres, y todas expresaron variaciones de la misma idea. Audur Bjork Gudmundsdottir, directora ejecutiva en una compañía de seguros, dijo que los problemas de Islandia partían de que la gente había estado corriendo demasiado de prisa, lanzándose a grandes aventuras sin pararse a examinar los detalles de lo que estaba haciendo. “Hoy, en los consejos de administración de las empresas, en los que se ve cada vez a más mujeres, se hace hincapié en la responsabilidad, no en correr riesgos ni en intentar hacer mucho dinero muy rápido”.

Birna Einarsdottir, una de las consejeras delegadas de bancos nombradas para desplazar a los hombres inmediatamente después de la crisis de 2008, dice que la gran lección que han aprendido los islandeses mientras salían de la recesión y entraban en el crecimiento ha sido: “Atenernos a lo que sabemos; no pasarnos de listos”. “¿Quién dijo que los islandeses eran los mejores banqueros del mundo? ¿De dónde salió esa idea? De modo que, ahora, la regla es ser humildes, conocer nuestras limitaciones y aprovechar nuestras ventajas. Y, en vez de pensar que sabemos todo, hacer preguntas; pedir ayuda”. Que es lo que hacen las mujeres; no los hombres.

De lo que de verdad entienden los islandeses, dijo Einarsdottir, es de pesca, que hoy tiene muchos más beneficios que antes de la crisis. Un ejemplo es una mujer de nombre impronunciable, Sjöfn Sigurgisladottir, que dejó en 2009 su puesto de directora ejecutiva de un organismo estatal dedicado a la seguridad alimentaria para crear una empresa de pesquería y piscifactoría con otras dos socias. Calculan que, para 2014, habrán creado 100 puestos de trabajo y estarán vendiendo más de 2.000 toneladas anuales de tilapia nórdica (un pescado de origen africano).

“Estamos entrando en una industria que antes era exclusivamente masculina”, me dijo una sonriente Sigurgisladottir, “y eso es sintomático de lo que está ocurriendo en Islandia desde la crisis. Las mujeres están asumiendo un papel mucho más activo en la economía, asumiendo más responsabilidad, y también nos apoyamos mucho más unas a otras, creando clubes de mujeres, aprovechando oportunidades más que nunca”.

Ayuda, continuó Sigurgisladottir, el hecho de que la sociedad esté estructurada de tal forma que, en Islandia, las mujeres no tienen que escoger entre el trabajo y la familia. Tanto desde el punto de vista cultural (al parecer, los vikingos se tomaban con bastante relajo que sus mujeres concibieran y se reprodujeran mientras ellos estaban lejos, dedicados a violar y saquear) como desde el de las leyes del Estado sobre custodia de los hijos y permiso de maternidad o paternidad, las mujeres islandesas han avanzado más que nadie. Según el último informe del Fondo Económico Mundial sobre igualdad de género, Islandia ocupa el primer lugar del mundo. (“Yo vivo parte del tiempo en Suiza”, me dijo Sigurgisladottir, “y la diferencia con el lugar que ocupan allí las mujeres en la sociedad es escandalosa”).

Las mujeres de Islandia habían alcanzado estos logros incluso antes de que la crisis financiera golpeara. Lo que ha ocurrido desde entonces es que han complementado la igualdad en el hogar y en el trabajo con un nuevo grado de influencia y autoridad en el corazón del poder político y económico. Siendo madre de tres niños de menos de ocho años, siendo la ministra responsable de educación, ciencia y cultura y la número dos en el partido de Gobierno (lo cual hace pensar que es una probable futura primera ministra), Katrin Jakobsdottir es la Amazona diminutiva que encarna estos grandes cambios.

Fue ella la que me dio la respuesta a la pregunta que me había planteado al llegar a Islandia esta vez. El cambio más grande de los últimos años era que, efectivamente, los hombres sí estaban pensando más como mujeres. “Tener un Gabinete con la mitad hombres y la mitad mujeres, y ahora con más mujeres, ha marcado la diferencia”, me explicó. “El centro de atención político cambia cuando hay más mujeres en el Gobierno; quiero decir que hay una diferencia en lo que se debate. Por eso en estos últimos tres años ha ocurrido algo grande e importante, y en lo que no creo que haya posibilidad de dar marcha atrás. Hemos cambiado la naturaleza de la discusión”.

 

EL PAIS.

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Siria se ha convertido en una cárcel .

Menos de 30.000 civiles han logrado escapar del país

El control sobre la vigilancia de las familias de los oficiales impide la desintegración del Ejército

Niños sirios refugiados en el norte de Líbano. /

“Necesito un arma”, dice Tamer. Él y sus nueve compañeros, desertores del Ejército sirio, matan el tiempo junto al riachuelo que separa Líbano de Siria. Es apenas un hilo de agua, pero al otro lado hay cientos de minas y unos cuantos tanques. El pequeño puente está en el punto de mira de los francotiradores sirios, pero los combatientes entran y salen con relativa facilidad por pasos de montaña. Tamer y sus compañeros esperan conseguir armas para sumarse al Ejército Libre. “No tardaremos en marchar sobre Damasco”, afirma.

El relato de Tamer, corroborado por muchos otros testimonios, como el de Ahmed Hamad Abu Berry, que convalece en un hospital de Trípoli de las heridas sufridas en Bab Amro, revela que el Ejército sirio dejó hace tiempo de ser realmente operativo. “Los propios oficiales nos permitieron irnos”, explica el joven desertor, “en cuanto tuvimos nuestras familias a salvo”. Tamer es relativamente afortunado porque nació cerca de la frontera y sus familiares pudieron cruzar el puente hacia Mokaibli cuando aún estaba abierto. “Al saber de la seguridad de mis padres y hermanos, hablé con mi teniente, suní como yo. Estábamos en Daraa, en el sur, y una noche nos aconsejó que diéramos un paseo y no volviéramos. Solo nos prohibió llevarnos los fusiles, porque eso le habría acarreado represalias”. El teniente tuvo que quedarse porque temía por su familia.

Siria se ha convertido en una cárcel. Eso explica que sean pocos, entre 20.000 y 30.000, los ciudadanos que han conseguido refugiarse en el país vecino. La población civil esta encerrada en un país que se hunde en el horror. “Las unidades alauíes más fieles al régimen se reparten entre el frente y la retaguardia, donde vigilan a las familias de los oficiales y los altos mandos: esa vigilancia es la que impide, por el momento, la desintegración del Ejército”, asegura el muchacho.

Wadi Jalid, el conjunto de aldeas que incluye Mokaibli, constituye una lengua de territorio libanés rodeada por Siria. Es un valle de agricultores y ganaderos en el que nunca existieron realmente fronteras. Hasta ahora. Las casas próximas al riachuelo muestran las marcas de los disparos, cada vez más habituales. “Las tropas sirias nos tirotean casi cada noche para recordarnos que esto no es un refugio seguro, que en cualquier momento pueden venir y acabar con nosotros”, comenta Ahmed, otro miembro del grupo de desertores. La tía de Tamer intentó cruzar hace un par de semanas. Murió por el disparo de un francotirador. Un soldado libanés que intentó rescatar el cadáver recibió un tiro en una pierna.

Líbano intenta permanecer al margen del conflicto sirio, por miedo al contagio y a la reaparición de la guerra civil entre grupos religiosos y políticos que durante 15 años devastó el país. Pero los esfuerzos del Gobierno, sobre el que el partido-milicia Hezbolá, aliado del régimen sirio, ejerce una influencia decisiva, no bastan. El norte de Líbano ya funciona como base de retaguardia de las fuerzas de oposición. Basta visitar el hospital Dar el Chifae, en Trípoli, para comprobarlo. Decenas de milicianos que combatieron en Bab Amro, el barrio de Homs devastado la semana pasada por el Ejército del presidente Bachar el Asad, convalecen de sus heridas o pasean por los pasillos del centro. Ahmed Hamad, nombre de guerra del emir del grupo (una denominación de clara inspiración islámica), tiene 29 años y antes de la crisis trabajaba como obrero y maestro en una escuela islámica. Está casado con tres mujeres y tiene cinco hijos. Se ocupaba del hospital de campaña de Bab Amro hasta ser herido en una pierna, el día antes de la caída del barrio. “Vuelvo a Siria dentro de dos días, cojo pero con muchos ánimos, para coordinar el asalto a una ciudad”, anuncia.

Aunque no puede revelar su objetivo, sí afirma que el Ejército Libre y los grupos de milicianos independientes que combaten contra el régimen reciben “muy poca ayuda de extranjeros pero mucha ayuda de hombres de negocios sirios, en el exterior y en el interior”. Ahmed Hamad recibe y atiende continuamente visitas. Ahora saluda con efusión a un jeque kuwaití y a un religioso suní libanés, pertenecientes al grupo que sufraga su tratamiento hospitalario. Les comenta que la caída de Homs es “solamente una batalla perdida en una guerra que ya está ganada”. Según Ahmed Hamad, que viste un pijama azul de Zara y luce una enorme sonrisa sobre una barba de corte islámico, “el régimen se derrumba desde dentro”. “Hace un año, ¿quién podía imaginar una manifestación multitudinaria contra El Asad en el barrio de Damasco donde viven los diplomáticos extranjeros? ¿Quién podía imaginar que las ciudades se sublevaran una tras otra? ¿Y tantas deserciones de militares?”.

La oposición al régimen sufre profundas divisiones. Los militares desertores que componen el Ejército Libre mantienen una pugna constante con las milicias independientes y con los grupos islamistas que ganan autoridad moral día a día. El Consejo Nacional Sirio, un remedo de Gobierno en el exilio, apenas es tenido en cuenta por los combatientes. Lo que más valoran los refugiados sirios en Líbano, y los sirios que esperan la oportunidad de huir, es la ayuda material de los Hermanos Musulmanes. La organización islamista, protagonista indiscutible de las revoluciones que sacuden el mundo árabe, financia a través de organizaciones interpuestas numerosos alojamientos colectivos en Wadi Jalid. Son en su mayoría escuelas, reconvertidas en residencias: cada aula es una vivienda. Las condiciones higiénicas no son espléndidas, pero hay agua corriente, gas, y antenas parabólicas que permiten seguir la programación de Al Yazira, la cadena catarí de noticias.

En una de las escuelas reconvertidas vive Jodaifa, un chico de 13 años al que el Ejército sirio detuvo durante tres días. Jodaifa muestra las uñas de los pies, que empiezan a reaparecer: se las arrancaron durante las sesiones de tortura. “No me preguntaban nada, solo me arrancaron las uñas y me aplicaron descargas eléctricas; cuando me soltaron me dijeron que debía contar a todo el mundo lo que ocurría a los chicos que participaban en manifestaciones”, dice. Cuando se le pregunta si tiene amigos alauíes (la secta vinculada al chiismo a la que pertenece Bachar el Asad y la élite del régimen), Jodaifa murmura que tenía uno, Ali. “Pero ya no quiero saber nada de él, pertenece a un régimen fascista”, masculla. El padre de Jodaifa interviene con rapidez para explicar que los hermanos mayores de Ali “son miembros de la shabiha, la milicia irregular del régimen”, y que eso explica el odio del muchacho. “No tenemos nada contra los alauíes en general, algunos son buena gente”, precisa.

En las escuelas-residencia viven también falsos refugiados. Hombres que cruzan por la noche los pasos de montaña, recogen armamento oculto en territorio sirio, realizan una operación de hostigamiento o sabotaje contra el Ejército o las infraestructuras sirias, y vuelven a pasar clandestinamente la frontera unos días después. “Acabamos de recibir armas procedentes de Libia a través del puerto libanés de Trípoli y ahora estamos introduciéndolas en territorio sirio, es una tarea lenta y peligrosa”, explica un hombre que prefiere mantener un completo anonimato. “Tenemos poco armamento”, sigue, “pero nuestro arsenal crece. Ya sabemos que el resto del mundo no nos ayudará y que tendremos que arreglárnoslas solos. Da igual. Bachar tiene los días contados. El futuro de Siria nos pertenece”.

EL PAIS.

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“En las entrevistas te descojonas, te piden de todo pero te pagan 800 euros” .

Estudiantes, trabajadores, parados, ‘nimileuristas’ se manifiestan en Madrid contra una reforma que crea “esclavitud laboral”

Manifestantes en la protesta de Madrid. / ULY MARTÍN

Estudiantes, trabajadores, parados,nimileuristas han acudido hoy a la manifestación para denunciar unareforma laboral que provoca más precariedad y más paro, potencia las desigualdades entre pobres y ricos y supone un retroceso en los derechos que “habían ganado padres y abuelos desde hace más de 30 años”. Estos son los protagonistas:

Fernando, de 28 años, nimileurista.Estudió un módulo superior de electrónica. Hoy en día es ingeniero técnico informático y cobra menos de 800 euros. Es el trabajo mejor pagado que ha encontrado. Pero ni siquiera cotiza como ingeniero sino como auxiliar administrativo. “Todos los días echo currículos para ver si consigo algo mejor pero no hay nada”. “En las entrevistas te descojonas, te exigen todo, quieren que seas experto en todo, que seas trabajador, que estés dispuesto a hacer horas extras, que te comprometas con la empresa y luego te dicen que por todo eso te quieren dar 800 euros”. Vive todavía con sus padres, y aunque le gustaría independizarse junto a su novia, ingeniera técnica en Telecomunicaciones y en paro, es imposible. Por eso está pensando en buscar trabajo fuera de España.

Santiago Oviedo, 24 años, físico. Está acabando un máster en Física Teórica y percibe una beca de investigación de 400 euros al mes. Vive con su madre, porque le resulta imposible independizarse. “Vengo a manifestarme por todas las putadas a las que no están sometiendo los políticos, que nos están convirtiendo a todos en pobres”, asegura. Para Santiago, “la situación se va a la mierda, mientras que a otros, los más ricos, les va estupendamente”. No está buscando trabajo sino becas de doctorado “pero no hay forma de encontrarlas”. “Si quiero seguir investigando, tendré que irme fuera de España y si quiero trabajar, probablemente también”.

Alberto Aguilera, 42 años, soldador. Acaba de ser despedido “de su empresa de toda la vida”. “Esperaron a la reforma” para echarlo, “porque el despido le salía más barato”. Por eso critica duramente la reforma laboral aprobada por el Gobierno del PP: “Ahora buscan menores de 30 años que estén en paro porque les sale más barato contratarlos con los contratos de formación”. Su mujer, María José Cortes, también está en paro. Trabajaba en una empresa de artes gráficas y la echaron “hace cuatro o cinco años”. Viven en Leganés (Madrid) y tienen dos hijos de 10 y 12 años. Buscan trabajo “sin parar”. “Todos los días echamos cuatro o cinco currículos pero o no hay trabajo o es muy precario”.

Maricarmen, 54 años, limpiadora. Ha acudido a la manifestación junto a su marido, José Ignacio, de 51 años, empleado en una empresa de control de plagas. Ninguno está en paro pero protestan para “luchar contra la esclavitud laboral” y “por el futuro de nuestros hijos”. Tienen dos, de 22 y 27 años, pero solo trabaja el mayor. “Es profesor de natación y vive en casa porque no tienen dinero para irse a vivir solo”.

Domingo y Alfonso, profesores de secundaria. Los dos lucen las famosas camisetas verdes que se hicieron famosas en las protestas que reclamaban una enseñanza pública y de calidad. “Lo único que provoca la reforma es más precariedad y más paro”, aseguran. Creen que los trabajadores son “los que más sufren las consecuencias de la crisis” mientras que quienes la han provocado siguen enriqueciéndose. Los centros educativos han sufrido fuertes recortes por los despidos de gran parte del personal laboral. En el instituto de Alfonso, hay “ocho profesores menos”. En el de Domingo, también se nota la crisis porque “las tasas para los alumnos son más altas”.

Chema Pérez-Aloe, celador del hospital de Getafe. En su hospital “se han rebajado drásticamente el número de contrataciones y no se cubre ninguna baja”. Su mujer, profesora de un colegio público, trabaja a media jornada, para cuidar de sus dos hijas, de cinco y tres años. “Pero tiene que hacer un montón de horas extras fuera de su jornada”, protesta Chema. Ayer, sus hijas le preguntaron si acudía a la manifestación porque iba a perder el trabajo. “Traté de explicarles que se estaban perdiendo derechos laborales que habían ganado sus padres y abuelos desde hace más de 30 años y que ellas lo van a tener mucho más difícil que nosotros”, asegura. De hecho, según cuenta, “a los niños ya les afecta la crisis porque se han suprimido clases de apoyo y talleres”.

Alicia Sánchez, 31 años, trabajadora social. Tiene un buen trabajo y no se queja de su sueldo, pero cree que los recortes y la reforma laboral “son una estafa y que quien tenga un mínimo de sensibilidad con la justicia social tiene que acudir a la manifestación”. Alicia trabaja en una asociación de personas sin hogar. Desde que empezó la crisis “la gente va de mal en peor, han quitado el dinero para los temas de salud mental, de drogas y otro tipo de atenciones de carácter básico”. Según ha constatado, en “los comedores sociales cada vez hay más gente”.

Ángel, 31 años, ingeniero de caminos. Su empresa atraviesa una “mala situación por el parón de la obra pública”. “Muchos compañeros han perdido el trabajo porque dependen de los contratos de las administraciones”, cuenta. Ángel está “radicalmente en contra de la reforma” porque lo único que va a hacer es “abaratar todas los salarios” y “quitarle toda la fuerza al trabajador porque le impide negociar”. Si perdiera el trabajo, “no tiene muchas opciones para reinventarse: “En todos los trabajos piden una experiencia específica que él no tiene” porque ya es “ingeniero de caminos” y lamenta “haberse estado formando toda la vida para trabajar en una cosa distinta”.

Raúl, 34 años, médico. Raúl es especialista en medicina interna. Desde que terminó la residencia en 2002, ha enlazado contratos temporales “uno detrás de otro”. Ha tenido contratos de seis meses, de tres e incluso de días. “En un mes llegué a encadenar más de 40 contratos en mi hospital”, explica. Cobra las guardias de 24 horas como si hubiera trabajado 17. Cree que la reforma laboral “va a crear más precariedad y más explotación de los trabajadores”. En cuanto a la sanidad pública, considera que “tratan de cargársela para después privatizarla”.

Sara, 30 años, auxiliar administrativa. Trabaja en el hospital madrileño Ramón y Cajal. “No se están cubriendo las plazas necesarias, están reduciendo el personal, no se cubren ni bajas ni vacaciones y se están amortizando los puestos de las persona que se jubilan”, se queja. Critica que la congelación de sueldos es una manera de disfrazar una bajada de salario: “Ha subido el IRPF y nos han incrementado las horas de trabajo” para justificar que no es necesario reforzar el personal. Los que protestan son los pacientes, pero ellos “no dan para más”.

Álvaro, 23 años, ingeniero informático. Trabaja en una gran empresa y gana unos 1.400 euros al mes pero ha querido participar en la manifestación porque “la reforma laboral está agrediendo los derechos de los trabajadores”. “Es importantísimo defendernos porque solo buscan abaratar el despido y desmejorar las condiciones de los trabajadores”, reclama Álvaro. Según cree, la reforma “no va a generar más productividad ni empleo”. “Lo único que va a aumentar es el miedo de los trabajadores”, añade. Sobre la huelga general, considera que hay razones de sobra para secundarla pero asegura conocer a gente que “no la va a hacer porque tiene miedo de que la empresa tome algún tipo de represalia”.

Ivonne, 24 años, matemática. Es becaria del Instituto Nacional de Estadística (INE) y cobra 670 euros al mes. Le gustaría ser profesora, si es posible, en la enseñanza pública. Pero no tiene muchas esperanzas de conseguirlo: “Con los recortes no va a haber oposiciones y si las hay van a ofertar poquísimas plazas”. El año pasado, tras licenciarse, no encontraba trabajo y se fue a Londres donde la contrataron como limpiadora hasta que le concedieron la beca del INE. “Pero se acaba dentro de un año” y no sabe qué hacer después. “Esta reforma condena a los jóvenes a coger cualquier cosa, en las condiciones que sean”, protesta. Y zanja:“Da igual los años que te has pasado estudiando, los idiomas que sepas y la formación que tengan, estás obligado a aceptar”.

EL PAIS.

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